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Elí, elí, lamá sabactani – Salmo 22 (21)

Varón de dolores

ELÍ, ELÍ, LAMÁ SABACTANÍ.
DIOS MÍO, DIOS MÍO,
¿POR QUÉ ME HAS ABANDONADO?

¡Qué lejos te siento de mis gritos!,
de día clamo, y no respondes
grito de noche y no hay reposo para mí.

¡Mas tú eres el Santo,
Tú que vives en medio de mi pueblo!
A ti clamaban nuestros padres
y tú les ayudaste,
en ti confiaban y nunca fueron confundidos.
Entonces yo, ¿por qué no me ayudas?
¿Acaso no soy un hombre?
Eso soy yo: un gusano,
desprecio de la gente, asco del pueblo,
todos los que me ven de mí se ríen,
menean la cabeza y dicen:
“Se confió a Dios, ¡qué Él lo libre!,
¡qué Él le salve, si tanto dice que le ama!”.
¡Sí, que tú me amas! ¡Sí, que tú me quieres!
en el seno de mi madre me formaste,
cuando me dio a luz ya me ofreció a ti,
ya desde el vientre tú eras mi Dios.

Soy agua sucia que se tira,
todos mis huesos se dislocan,
mi corazón como cera
se derrite en mis entrañas,
mi paladar está seco como teja,
y mi lengua está pegada a la garganta.

Perros innumerables me rodean,
y una banda de malhechores me acomete,
atan mis manos y mis pies,
se pueden contar mis huesos,
me observan y me miran, se reparten
mis vestidos, se sortean mi túnica.

¡Mas tú Dios mío, no estés lejos!
ven en mi ayuda, fuerza mía,
libra mi alma de la espada,
libra mi vida de las fauces del león,
libra mi alma de los cuernos de los búfalos.
¡Anunciaré yo tu nombre a mis hermanos,
en medio de la asamblea te cantaré!
Los que a Yahveh amáis, dadle alabanza,
raza de Jacob, glorificad a Yahveh,
temedle, pueblo de Israel!
Porque ha sido el único
que no ha sentido asco de este pobre, ni ha desdeñado la miseria de mi vida.
No me ha ocultado su rostro cuando le invocaba,
por eso, yo ahora sé que los pobres vivirán,
los pobres comerán, serán saciados,
los que buscan a Yahveh lo encontrarán,
su corazón, su corazón, vivirá para siempre.

Las profecías bíblicas de Cristo se parecen a un gran rompecabezas. La persona del Redentor sufriente emerge gradualmente a medida que se juntan las piezas. Pero es sobre todo el salmo 22 el que subraya sin ambigüedad lo que ha sucedido en Cristo. No hablamos ante todo de predicciones que puedan encontrarse en determinadas frases sacadas de contexto, sino de una manera más profunda y completa.

En el salmo 113 Dios se eleva en su trono, pero desciende para ver el cielo y la tierra. Este verso señala directamente la obra de Cristo, la acción de Dios que envía a su Hijo, el Verbo de Dios que se ha abajado tomando la forma del siervo en favor de cuantos están sentados en las tinieblas y sombras de muerte. Los que están sentados en las tinieblas son aquellos cuyos lamentos llenan la parte más grande del libro de los Salmos. La mirada profunda de Dios se ha hecho realidad en Cristo. Dios se ha convertido en alguien que sufre y este sufrimiento se ha expresado en una lamentación.

Las citas repetidas del salmo 22 en el relato de la Pasión muestran que la Iglesia primitiva ha visto la relación. y ha hecho suya la lamentación del salmo 22

¡Cómo ha debido vivir los salmos Jesús, y éste en especial! En lo profundo de su aflicción, su tentación de desesperación y el espectáculo de cómo su sufrimiento y su transformación adquieren una expresión única. Cristo ha querido compartir la experiencia amarga de todos los que se sienten abandonados por Dios después de haberse abandonado totalmente a su providencia.

Asumiendo esta última prueba de ser abandonado por Dios, Cristo ha descendido a las profundidades del aislamiento humano, y ha hechos suyos nuestros sufrimientos. Las cuestiones desesperadas de “¿por qué?” y “¿hasta cuándo?” eran conocidas para aquél en quien la bondad de Dios se ha hecho humana. Todos los salmos de lamentación han llegado a su cumbre en el sufrimiento y la muerte de Jesús. Pero el salmo 22 es el más adecuado para describir el sufrimiento de Cristo porque no alude a ningún pecado propio, y no menciona los derechos del afligido. Aunque se hable de los enemigos, no hay ninguna imprecación contra ellos. En el relato de la pasión, en el lugar en que habitualmente solemos hallar las peticiones contra los enemigos, no existe aquí sino una intercesión por ellos (Lc 23,34).

Visto en su totalidad el salmo 22 es una lamentación que ha encontrado su punto de inflexión. Si Jesús ha orado este salmo en la cruz, lo ha debido recitar hasta el final y no sólo el primer verso. La segunda parte es la alabanza de una persona que ha sido librada. Dios responde al grito dado sobre la cruz. Es posible que la frase del relato de la Pascua en Mt 28,10, “Id y avisad a mis hermanos”, sea una alusión al comienzo de la segunda parte del salmo 22,23. Lo mismo se podría decir de Jn 20,17.

Juan Manuel Martin Moreno

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Categorías:Cantos, Viernes Santo
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