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Tú has cubierto de vergüenza la muerte (Homilía de Melitón de Sardes sobre la Pascua – Oficio de Lecturas de Jueves Santo)

Tú has cubierto de vergüenza la muerte,
tú has llenado de luto el infierno.

Has golpeado la iniquidad,
has privado a la injusticia de sus hijos,
como Moisés al Faraón,
como Moisés al Faraón.

Tú nos has pasado
de la esclavitud a la libertad,
de las tinieblas a la luz,
de la muerte a la vida,
de la tiranía al reino eterno.

Tú eres la pascua de la salvación;
tú eres el cordero nacido de María.

MARÍA, CORDERA SIN MANCHA,
MARÍA, LA INOCENTE CORDERA.

Tú has sido asesinado en Abel,
tú fuiste atado en Isaac,
vendido en José,
abandonado sobre las aguas en Moisés,
perseguido en David
y despreciado en todos los profetas.

Tú eres el cordero que no abre boca;
tú eres el cordero nacido de María.

Tú fuiste cogido del rebaño,
conducido al sacrificio, inmolado por la tarde,
sepultado en la noche; sobre la cruz
no te fue roto ningún hueso, ni en la tierra
experimentaste la corrupción.

Tú resucitando de la muerte
has hecho resurgir a la humanidad
de lo profundo del sepulcro.

Tú eres el cordero que no abre boca;
tú eres el cordero nacido de María.

La Pascua canta la victoria de Cristo sobre el peca­do y sobre la muerte. Canta al Crucificado exaltado y glorificado en la cruz. Canta la pasión que nos libró de nuestra pasión. Es lo que recogen las homilías pascuales de Melitón de Sardes y la atribuida a Hipólito.[1]

Ambas homilías son un canto al Cristo de la pa­sión. Cristo ha asumido la condición de «pasión» que caracteriza la existencia del hombre pecador

Notad bien quien es el que padece y quien el que compadece junto con el que padece; por qué el Señor ha descendido sobre la tierra, por qué se ha revestido de aquel que padecía y lo ha llevado consigo a lo más alto de los cielos (Melitón).

El Señor, habiéndose revestido del hombre y habiendo padecido por aquel que padecía…, resucitó de los muer­tos (Melitón).

Esta era la pascua que Jesús deseaba padecer por no­sotros. Con la pasión nos ha librado a nosotros de la pasión (Pseudo‑Hipólito).

Al asumir la situación de pasión del hombre en el mundo, Cristo está presente, sufriendo, en todos los personajes del Antiguo Testamento:

Cristo es la Pascua de nuestra salvación,
El es quien tuvo que padecer mucho en la persona de muchos,
El es quien fue:

asesinado en la persona de Abel,
maniatado en Isaac,
exiliado en Jacob,
vendido en José,
expuesto en Moisés,
inmolado en el cordero,
perseguido en David,
vilipendiado en los profetas (Melitón).

Pero, sobre todo, Cristo está presente en el cordero:

Cristo es el cordero sin voz,
éste es el cordero degollado,
éste es el mismo que nació de María,
la hermosa cordera;
el mismo que fue arrebatado del rebaño,
empujado a la muerte,
inmolado al atardecer,
y sepultado de noche;
que no fue quebrantado en el leño,
ni se descompuso en la tierra;
el mismo que resucitó de entre los muertos
e hizo que el hombre surgiese desde
lo más hondo del sepulcro (Melitón).

Cristo es, pues, el verdadero cordero pascual, in­molado por los hombres. Pero el acontecimiento pas­cual, que culmina en la muerte  del cordero, no termina ahí. Termina gloriosamente en la resurrección:

Este es aquel

que se encarnó en una virgen,
que fue colgado del madero,
que fue sepultado en la tierra,
que resucitó de entre los muertos,
que fue elevado a lo alto de los cielos (Melitón).

Con la resurrección Cristo inicia la ascensión, su retorno glorioso al Padre. Es su glorificación. Pero Cris­to no retorna al Padre en solitario. La humanidad, res­catada de la muerte, inicia su proceso pascual de retor­no al Padre con Cristo:

Venid pues todas las razas humanas,
sumergidas en el pecado.
Recibid el perdón de los pecados,
porque yo soy vuestro perdón,
yo la Pascua de la salvación.
Yo os llevo a las alturas de los cielos.
Yo os mostraré al Padre que existe desde los siglos.
Yo os resucitaré por medio de mi diestra (Melitón).

Habiéndose, pues, revestido de la imagen perfecta, Cristo transformó al hombre, que había revestido, en hombre celeste; entonces la imagen incorporada a El subió también al cielo (Pseudo‑Hipólito).

Esta transformación nos la describen como una exis­tencia en la luz y en la plenitud de vida, libre de toda opresión, especialmente libre del pecado y de la muerte:

El es el que nos ha hecho pasar

de la esclavitud a la libertad,
de las tinieblas a la luz,
de la muerte a la vida,
de la tiranía al reino eterno (Melitón).

¿Qué es la venida de Cristo?

liberación de la esclavitud,
liberación de la antigua fatalidad,
inicio de la libertad,
honor de la adopción,
fuente de la remisión de los pecados,
verdadera vida inmortal para todos (Hipólito).

Que un muerto vuelva a la vida no es una novedad en el ámbito bíblico. Pero no es esto lo que quiere decir la resurrección de Jesús. Jesús resucitado de entre los muertos pasa a un tipo de existencia que ha dejado tras sí la muerte de una vez para siempre (Rom 6,10), que ha llegado a Dios superando para siempre las frontera de este tiempo (Heb 9,26;1Pe 3,18). Al contrario de David, y de todos los resucitados por El mismo, Jesús se ve libre de la corrupción (He 13,34), vive para Dios vive, «por los siglos y tiene las llaves de la muerte y del hades» (Apo 1,17s). Rompe de una vez todo nuestro mundo de vida y muerte y así nos abre un camino nuevo hacia la vida eterna de Dios (1Cor 15,12s). Cristo entra en el mundo nuevo, en el tiempo eterno.[2]

Emiliano Jiménez Hernández


[1]      J. IBAÑEZ‑F. MENDOZA, Melitón de Sardes. Homilía sobre la pascua, Pamplona 1975;P. NAUTIN, Homelies pascales, París 1950; R. CANTALAMESSA, La Pasqua nella Chiesa antica, Torino 1978.

[2]      H. SCHLIER, De la Resurrección de Jesucristo, Bilbao 1970; F. MUSSNER, La Resurrección de Jesús, Santander 1971; X. LEON‑DUFOUR, Resurrección de Jesús y mensaje pascual, Salamanca 1987.

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