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Balaam – Números 23,7-24

«De Aram me ha hecho venir
Balaq, el rey de Moab
desde los montes de Oriente:

“Ven y maldice a Jacob;
ven y profetiza contra Israel”.

¿Cómo maldeciré, si Dios no quiere?
¿Cómo profetizaré, si Dios no me deja?

De lo alto de esta cima yo diviso,
desde lo alto de esta roca yo contemplo:
éste es un pueblo distinto
a todas las naciones.

¡QUÉ BELLAS SON TUS TIENDAS,
QUÉ BELLAS SON, ISRAEL!
¡QUÉ BELLAS SON TUS TIENDAS,
QUÉ BELLAS SON, ISRAEL!

¿Quién contará, contará tu multitud?
JACOB, JACOB, JACOB, JACOB.

Sea, sea mi muerte
como la muerte de su Justo.
Vaya mi vida donde él,
VAYA MI VIDA DONDE ÉL.

«¿Pero qué es lo que estás haciendo?
¡Tú lo estás bendiciendo!
Ven, quizá desde otra parte
Dios lo quiera maldecir.»

«Escucha, hijo de Sippor, pon el oído rey Balaq.
Que Dios no es un hombre
que dice y se arrepiente.

Una estrella surge de Jacob,
se oyen aclamaciones por su Rey.

Dios es su Padre.
Se acuesta como león,
se echa como leona, nadie lo hará levantar.»

Viendo estas cosas, Balak, rey de Moab, temió por su comarca, si bien no tenía por qué tener miedo, pues el Eterno había dicho a Moisés: “No levantarás la espada contra los de Moab; nacieron de la lujuria y viven de la lujuria, pero descienden de Lot, hijo de Harán, que fue hermano de Abraham y de ellos descenderá Rut, la prosélita, de quien nacerá, al paso del tiempo, mi hijo, el rey David y, al final de los tiempos, mi hijo el Rey Mesías”. Pues es necesario que a la Sangre de Israel se una la sangre de las naciones, para hacer la unión del mundo. Pero Balak ignoraba si el profeta obedecería al Eterno y sabiendo que en otro tiempo había sido pastor en Madián, consultó a los ancianos de Madián, para triunfar sobre él.

Ellos le dijeron: “Su fuerza no está en su brazo, sino en su boca: vaya contra él un hombre que sea fuerte por la boca”. Entonces Balak envió a los Ancianos de Moab, junto con los de Madián, a Balaam, hijo de Beor, a su ciudad de Pethor, en el país de los ríos, diciendo: “Un pueblo ha salido de Egipto y ha vencido a dos pueblos y acampa frente a mi: ven y maldíceme a ese pueblo para que yo lo pueda rechazar; pues se que, aquel a quién tú bendices, es bendito y aquel a quien maldices es maldito”.

Este era el mismo Balaam, viejo enemigo de Israel, que, en otro tiempo, siendo consejero del Faraón, aconsejó al Faraón tirar al río a todos los hijos varones de los Hebreos, para que Moisés muriera recién nacido. Y este Balaam era un profeta grande entre las naciones, como lo era Moisés en Israel. Moisés, es verdad, lo sobrepasaba, pues dios le hablaba a cualquier hora del día o de la noche, mientras que a Balaam, sólo de noche; pero Balaam, por otra parte, lo superaba, pues Moisés tuvo que decir a Dios: “Muéstrame tus caminos”, mientras que Balaam pudo decir de Él: “Yo tengo el conocimiento del Altísimo”.  Porque observan nuestros rabinos, que El Eterno, no queriendo que las naciones pudieran quejarse y reprocharle: “Tú te has mantenido lejos de nosotros”, les dio, como a Israel, reyes y profetas. Israel tuvo a Salomón y las naciones a Nabucodonosor, pero aquel construyó el templo y aquel lo destruyó. Israel tuvo a Moisés y las naciones a Balaam, pero aquél sirvió a Dios y éste lo combatió, y por esto, después de Balaam, Dios retiró de las naciones la profecía e hizo de ella la herencia de Israel.

Habiendo oído el mensaje de Balak, Balaam consultó al Eterno, quién le respondió: “No vayas, no maldigas a ese pueblo; quien lo toque, toca las niñas de mis ojos”. Pero cuando Balak le hubo mandado aún más nobles mensajeros y mejores regalos, Balaam insistió ante Dios que le dijo: “Ve”. Y se fue reflexionando: ¡Cuántas veces el Eterno ha maldecido a su pueblo después de haberlo bendecido! Él me permite ahora lo que antes me prohibía, puedo entonces maldecir a quienes Él ha bendecido”. Pero el Señor no había cambiado. Para quien le conoce, él no cambia nunca. Pero, anotan nuestros sabios; este hecho nos enseña que Dios nos ilumina sin encadenarnos y cuando el pecador a quien ha iluminado quiere ir hacia el mal, él lo deja ir.

Deseando en su bondad instruirlo por segunda vez el Eterno, bendito sea, puso, sobre la ruta de Balaam, a un ángel. Tres veces la burra de Balaam vio al ángel y quiso echar marcha atrás y, por tres veces, Balaam no lo vio y golpeó a la burra. Entonces ella le dijo: “¿Por qué me golpeas?” Y de improviso, vio al ángel que le ordenó: “Ve; hablarás según la palabra que el Eterno pondrá en tu boca”. Pero él no comprendió o no quiso entender lo que aún la misma burra había comprendido.

¿Por qué, preguntan nuestros Doctores, a este propósito, Dios ha quitado la palabra a los animales? Porque si los animales hablaran, su sabiduría haría ruborizar a los hombres.

Y, mientras que Balaam venía del país de los dos ríos, hacia Ir-Moab donde Balak iba a recibirlo, Moisés acampaba con los Hebreos en la llanura, frente al Jordán, y les decía con corazón alegre: “Lo que vuestros padres no han hecho, vosotros lo habéis hecho, lo que ellos no han merecido lo habéis merecido vosotros”.

Pero la tribu de Rubén y Gad le dijo: “¿para qué atravesar el Jordán? Dadnos estos países, nosotros haremos en ellos majadas para nuestras ovejas y viviremos en la abundancia”. “-¡Cómo! Exclamó el profeta, ¿preferís vuestros animales a vuestros hijos? En el desierto suspirabais por Egipto, ahora que pisáis tres  hectáreas de hierba grasa para que pasten vuestros ganados, ¿recuperáis a Egipto y no iréis más lejos? ¿Es la tierra o es a Dios a quien venimos a buscar?

Porque no escucharon a Moisés, exigieron la posesión de los dos reinos, con sus mujeres, sus hijos y sus rebaños, prometiendo atravesar el Jordán cuando sus hermanos necesitasen ayuda, el Profeta tuvo que ceder, pero otra vez, la amargura y la angustia entraron en su alma.

Balaam, que venía para maldecir, había llegado a Kiriath Houssot con el rey Balak. Subieron a la cima de Baal, hicieron siete altares, sobre cada altar sacrificaron un carnero y un toro. Y Balak dijo a Balaam: “Desde aquí puedes ver todas las filas de su campamento. Abre la boca y lanza sobre ellos la maldición”.

Sin embargo; en el campo de los Hebreos, Moisés reflexionaba sumido en la angustia de su corazón: “Habíamos casi llegado, pero ¿iremos más adelante? Dos tribus abandonan a Dios, ¿Las seguirán las otras? Al verlas con provisiones y saciadas, ¿tendrán valor, tendrán fe? Y si no tienen ni valor ni fe, el Santo, bendito sea, ¿les dará fuerza?”

Y sobre la cima de Baal, el profeta de las naciones abría la boca para maldecir, pero a pesar de él, su boca clamaba: “Balak, rey de Moab, me hace venir desde Aram, me llama desde los montes del oriente, para maldecir a Israel. Pero yo vengo desde los lugares que Abraham dejó cargado de bendiciones. ¿Cómo maldeciré a Israel? E Israel va hacia los lugares que Abraham encontró cargados de bendiciones. ¿Cómo maldeciré a Israel? Sacado de Egipto por la mano de Dios, él se levanta como un leopardo, se endereza como un león, y no reposará sino cuando esté saciado de victorias y embriagado de la sangre de los pueblos malditos. ¿Cómo maldeciré yo a Israel? Bendito quien lo bendice, maldito quien lo maldice.

Así gritaba Balaam. Moisés y el mundo oían su voz. Entonces Balak le dijo “¿Qué has hecho? ¿Te he mandado para que maldigas a mis enemigos y tú los bendices?” –“No he podido maldecir” respondió Balaam. –“Ven, repuso Balak, subamos a la meseta de Sofim, sobre la altura de Pisgá, desde allí tú no verás más que las últimas líneas de su campamento; quizá podrás maldecirlos”. Subieron, hicieron sobre el Pisgá siete altares; sobre cada altar sacrificaron un toro y un carnero y Balak dijo a Balaam: ”Ahora, lanza sobre ellos la maldición”.

Mientras tanto, en el campo de los Hebreos, Moisés, sumergido en la angustia de su corazón, pensaba: “Y si entran en la Tierra de Promesa, si vencen a los pueblos malditos, ¿vencerán también el pecado? Y si no vencen el pecado, ¿no serán también malditos como ellos?

Y sobre la altura del Pisgá, Balaam abría su boca para maldecir, pero muy a su pesar, su boca clamaba: “Dios no es un hombre para mentir, ni un hijo de Adán para retirar su promesa. ¿Es acaso uno que habla y no cumple su palabra, que afirma y no pone en práctica? Antes de crear el mundo, viendo los pecados del mundo, El dudó en su pensamiento de crearlo, pero cuando en su pensamiento vio a Abraham, a Isaac y a Jacob, dijo: “Que sea la luz”, y puso sobre ellos la luz de su bendición. Pues bien, esta luz no se apaga, pues cuando Israel ha pecado, se arrepiente de su pecado y, en favor de Abraham, de Isaac y de Jacob, Dios le perdona su pecado. ¿Cómo maldeciré yo a Israel? Bendito quien lo bendice y maldito quien lo maldice.

Así gritaba Balaam desde la altura de Pisgá. El mundo y Moisés oían su voz. Entonces Balak le dijo “¿Qué has hecho de nuevo? Te he mandado para maldecir y tú continúas bendiciendo”. –“ No he podido maldecir, respondió Balaam”. “Ven”, repuso Balak, “subamos a la cima del Peor; desde allá no verás más que la sombra de sus tiendas y si no puedes maldecirlos, al menos no los bendigas”. Subieron. Hicieron siete altares sobre el Peor: sobre cada uno sacrificaron un toro y un carnero y Balak dijo a Balaam: “Ahora, quítales tus bendiciones”.

Y, en el campamento de los Hebreos, Moisés con el corazón angustiado, pensaba:  “Y si Dios los perdona y continúan pecando? Si Él por sus pecados, los echa de la tierra que les habrá dado; si por sus pecados, los dispersa por toda la superficie de la tierra ¿No desaparecerán, exilando a Dios con ellos? Y sobre la cima del Peor, Balaam abría la boca para quitar a los Hebreos sus bendiciones, pero su boca, a pesar suyo, clamaba “¡Qué bellas son tus tiendas!, ¡Oh Jacob! Y tus moradas ¡Oh Israel! Se extienden como valles y como vergeles a lo largo de un río. Dios las planta como cedros, como palmeras al borde de las aguas. Se dispersan entre los pueblos y unen a los pueblos entre sí, y de ellas sale el Mesías que los une al Eterno. ¿Cómo voy yo a maldecir a Israel? Maldito quien te maldice, bendito quien te bendice”.

Así bendecía, a pesar suyo, el antiguo maldiciente de los hijos de Jacob. Y mientras el profeta de Israel dudaba en su corazón, el profeta de las naciones exaltaba a Israel a los oídos de las naciones. Entonces Moisés suplicó: ¡Señor, Señor! ¡que la verdad esté en la boca de Balaam y el error en mi corazón!

Moisés contado por los Rabinos, Edmond Fleg

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Categorías:Cantos, Paz
  1. Lisa
    6 mayo, 2014 en 23:42

    Hola, tienes una copia de “Moises contado por los rabinos?”, nos la compartirias? estamos preparando exodo, en mi comunidad. Muchas gracias

  2. Lisa
    6 mayo, 2014 en 23:48

    o Moisés contado por los Sabios, Edmond Fleg

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