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Las cuatro noches

Primera noche: la Creación

La Pascua es acción de gracias por la Creación de Dios.

En el principio creó Dios cielo y tierra” (Gn 1, 1). La creación comienza con la irrupción de la luz divina en la oscuridad caótica. La acción creadora de Dios, por medio de su Palabra, aparece como un acto ubre del Señor que manifiesta la absoluta gratuidad con que actúa tanto en la historia de la salvación (Rom 9, 8.30) como en la llamada del mundo a la existencia. Dios crea y se da por puro amor y por pura gracia. La Pascua, al resaltar la alegría de la primavera, se convierte también en memorial de la creación.

Israel celebra con una misma alabanza el amor del Dios creador del universo y de la historia La Pascua es, en principio, la fiesta de la primavera como celebración de la creación. Pero la gran primavera de Israel es aquella en la que Dios lo libera de la esclavitud de Egipto. El Éxodo es el momento en que Dios engendra a Israel como pueblo (Dt 32,5-10; Ez 16,4-7).

La creación anticipa la ”redención”. Este lazo entre Pascua y creación quedaba subrayado por las lecturas bíblicas usuales en la liturgia sinagogal. El ciclo de lecturas era trienal. El primer año se empezaba el mes pascual de nisán justamente con el relato de la creación según el capítulo primero del Génesis; y el año segundo comenzaba con el capítulo decimosegundo del Éxodo. así pues, la liturgia enlazaba la fiesta de la creación y la del Éxodo.

AquedáhSegunda noche: Abraham

La segunda noche que recuerda la Pascua hebrea es la del sacrificio de Abraham, noche en la que, como proclama el Targum “apareció la fe sobre la tierra”. La tradición judía pone este acontecimiento en relación directa con la Pascua. En el libro de los Jubileos se afirma que Isaac fue ofrecido el 14 de Nisán, a la misma hora en que más tarde se inmolaría el cordero pascual, y la montaña del holocausto no fue otra que el monte Sión, lugar del futuro templo de Jerusalén. Igual que Isaac fue rescatado con la sangre del camero, todos los primogénitos hebreos serán salvados por la sangre del cordero pascual. Las promesas hechas a Abraham son gratuitas; no se fundan en sus posibilidades ni en sus méritos. A la promesa no corresponde por parte del hombre el “conocimiento”, sino la fe y la obediencia. Es el proceso opuesto al pecado original.

Yahveh es un Dios de vida; su presencia nunca es estática, es “paso”, pascua que pone al hombre en movimiento sacándole de sus seguridades. Abraham, movido por la promesa, vive abierto a un futuro no calculable, al proyecto de Dios que le es desconocido es inverosímil. Así la fe se presenta como un absoluto apoyarse en Dios. La orden y la promesa aparentemente se contradicen, pero Abraham cree y entra en una contradicción que llega a su culmen con la exigencia del sacrificio de Isaac, el hijo de la promesa. La fe vence al absurdo, esperando frente a la aniquilación de toda esperanza.

Tercera noche: el Éxodo

La descendencia de Abraham llegó a convertirse en el pueblo de la promesa, pero sometido a esclavitud quedaba reducido a la misma impotencia que su antepasado. Israel descubre a Dios en su actuar en la historia. a través de su liberación de la esclavitud.

La tercera noche que se celebra en la Pascua judía, es la del Éxodo.

No se trata de un aniversario de la antigua liberación de Egipto, sino de un misterio actualizado cada primavera, como si generación tras generación todo fiel fuera rescatado personalmente de la esclavitud. Los profetas mantendrán vivo el recuerdo de los acontecimientos del primer éxodo para que, a la luz de este memorial se haga eficaz en el presente de la historia la fuerza salvadora de Dios.

El culto, aquel que el faraón quería impedir a los israelitas, es el memorial conmemorativo de la intervención salvadora de Dios en la historia. La Pascua revive la  liberación de Israel de la esclavitud (Ex 12,23, 15; Dt 16, 1-8)

Dios que Libró una vez a su pueblo, lo salvará, lo recreará, en cada nueva situación de esclavitud. En la cena pascual, cada uno de los comensales tiene la certeza de que, por medio de la liturgia, está compartiendo junto con sus antepasados la salida de Egipto, experimentando de esa forma el paso de la esclavitud a la libertad, de la tristeza al gozo, del llanto a la alegría festiva de la muerte a la vida.

Cuarta noche: la fiesta eterna

La cuarta noche que se celebra en la Pascua es la del final de los tiempos “cuando el mundo llegue a su fin para ser rescatado… y el Rey Mesías venga de arriba” (Targum). Cada Pascua es profecía del día escatológico y mesiánico. “En esta noche han sido salvados, en esta noche serán salvados”, se decía en la Liturgia judía.

Todas las intervenciones salvíficas de Dios, unidas a la celebración de la liberación de Egipto, hacen esperar su intervención definitiva en el futuro con la llegada. Del Mesias. Esta salvación definitiva (escatología) aparece como una nueva creación (Is 65, 17), un éxodo irreversible (Is 65,22), una victoria absoluta y definitiva sobre el mal que recobra el paraíso de nuevo (Is 65,25). Por ello, en la noche pascual los judíos aguardan la llegada del Mesías, dejando en su mesa una silla vacía para Elías, que le precederá anunciando su venida.

Emiliano Jiménez Hernandez

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Categorías:Libros, Pascua Etiquetas: ,
  1. Maria Paredes
    19 marzo, 2015 en 11:17

    Esta es la verdadera fiesta donde vemos en nuestras vidas ahora las cuatro noches

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