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Qué amables son tus moradas – Salmo 84 (83) 2/2

Hemos escogido como ejemplo de una himno de alabanza el salmo 84 que aparece en los laudes del lunes de la tercera semana. Este salmo es un notable ejemplo de la devoción judía hacia el santuario de Jerusalén. Lo hemos escogido para mostrar lo excitante que podía llegar a ser la experiencia de peregrinación que se anticipaba gozosamente antes de ponerse en camino, y culminaba al llegar a la vista del Templo, donde tendrían la oportunidad de participar en los cantos, en los sacrificios y en la plegaria.

a) Naturaleza del salmo

Aunque no forme parte explícitamente del grupo de “salmos de peregrinación” o graduales (120-130), en el fondo, en el contenido y en el estilo, encontramos aquí la oración de un peregrino que expresa su delectación en el Señor. La alegría comienza en el momento en que se decide a partir (Cfr. Sal 122: “¡Qué alegría cuando me dijeron vamos a la casa del Señor!”). Acompaña al peregrino a través de las dificultades del viaje y llega a su cumbre cuando visita el templo y puede tomar parte en la liturgia de alabanza.

Una manera de alabar a Dios indirectamente es alabando todo lo que le pertenece, el templo, la ciudad santa, las bendiciones que emanan de ese lugar. El contexto podría ser la Fiesta de los Tabernáculos, si tenemos en cuenta la mención de la primera lluvia. En esta fiesta se pedía el don de la lluvia, se celebraba la realeza de Dios y se ofrecían oraciones por el rey davídico.

b) Análisis literario del salmo

En tres estrofas el poema va cantando el deseo del peregrino (2-5), el viaje (7-8) y su estancia en el Templo con la plegaria por el rey (9-11). Todo termina con un canto de gozo por las bendiciones que provienen de esa experiencia (12-13).

Deseo y nostalgia de Dios

v.3.- Este salmo nos recuerda el 42-43, en el que el poeta exiliado añora los atrios del Señor, y se identifica con la cierva que corre hacia las aguas. El salmo 84 utiliza la imagen del gorrión que es equivalente y está cargada de afectividad positiva. Es frecuente en la lírica el identificarse con los animales que uno contempla, proyectando sobre ellos los propios sentimientos del poeta.

Más adelante hablaremos de la experiencia del desterrado entre paganos que recuerda las fiestas gozosas del templo y desea intensamente poder viajar a Jerusalén para poder participar en ellas de nuevo. Esta nostalgia de la cierva está expresada en el salmo 84 mediante dos verbos: óñëð (nikhsaf) añorar y äìë (kalah) languidecer. Estos sentimientos afectan al hombre entero: alma, cuerpo y carne.

El nido del gorrión

v.4.- El salmista envidia la suerte del gorrión que ha hecho su nido junto al altar. El nido expresa la idea de residencia permanente (Nm 24,21, Abd 4, Hab 2,9), en contraste con la fugacidad de la visita del peregrino que sólo puede pasar unos días en el templo y debe regresar a vivir entre hombres malvados. “Dichosos los que viven en tu casa alabándote siempre”. Pero también, aunque menos, dichosos los peregrinos que preparan sus viajes.

Encontramos en el salmo tres macarismos o bienaventuranzas, dos al principio y uno al final. Uno de los macarismos se refiere a los que viven permanentemente en el templo (sacerdotes y levitas), el segundo al peregrino que se pone en camino. Y sin duda que la mejor parte es la del que reside permanentemente en el templo (Sal 65,5).

La puesta en camino

v.6-. “Dichoso el hombre que encuentra en ti su fuerza al planear en su corazón una ascensión”. El texto hebreo tiene la palabra “ponerse en camino”, pero los LXX y la Vulgata traducen por “ascensión”, anábasis; palabra técnica para designar la peregrinación. Preparar una ascensión es una expresión sugerente en la vida espiritual, para unos ejercicios, un retiro, un tiempo de silencio… Desde el momento en que se proyecta esta aventura espiritual, el alma se llena de gozo.

Valle Baka

El valle

v.7.- Este verso contiene 3 palabras que se pueden leer diferentemente: el valle de Baka’ àëá puede ser el valle del terebinto o el valle de las lagrimas. Moreh  äøåî puede significar “maestro” (LXX, Vulgata), o “primeras lluvias”. Hay finalmente un juego de palabras con las consonantes de äëøá, que pueden leerse como berakah (bendición) o berekah (alberca).

La idea general es que en mitad de un árido valle, o valle de sufrimientos, las primeras lluvias son un signo de bendición que el peregrino sediento encuentra a lo largo de su viaje. La transformación del valle seco en lugar de aguas nos recuerda el texto de Os 2.17, donde el valle de Akor (infortunio) se transforma en Petah Tiqwah äå÷ú çúô  : la puerta de la esperanza.

El segundo Isaías también ha contemplado el regreso del exilio como un camino a través del desierto en el que brota el agua, la tierra abrasada se torna en estanque y el suelo seco en aguas vivas (Is 35,6-7).

Los baluartes

v.8a. “De baluarte en baluarte”. También aquí encontramos un juego de palabras. El verso se refiere quizás a las diversas fortalezas por las que había que pasar a lo largo del viaje, o a los baluartes de la ciudad que el peregrino circundaba en el momento de llegar. Pero también se puede traducir “de altura en altura”, de fuerza en fuerza, , en el sentido de que el peregrino renueva sus fuerzas, porque no se fatiga. Su deseo pone alas a sus pies (Cfr. Is 40,29-31). Cuando uno está muy ilusionado por algo parece que no siente en absoluto la fatiga.

Ver a Dios

v. 8b. “ser visto delante de Dios”. Es una antigua variante para evitar la expresión “ver a Dios”. El sentido original guardaba semejanzas con la peregrinación pagana en la que el peregrino al llegar al santuario veía la estatua del dios. “Ver a Dios” se convirtió en un sinónimo de visitar un santuario (Sal 42,3). La expresión pertenece al mundo de los santuarios cananeos. Más tarde los judíos la consideraron teológicamente impropia, porque en Jerusalén no había estatua de dios, y los escribas censuraron el texto simplemente cambiando las vocales en el texto masorético, y poniendo “ser visto” en lugar de “ver”: äàøéé en vez de äàøé ver, “será visto”, se presentará.

La oración por el rey

vv. 9-10.- Era corriente orar por el rey en el templo. El bienestar del rey era la garantía del bienestar del país. La palabra “nuestro escudo” puede ser leída como vocativo, referida a Dios; “¡Oh Dios, nuestro escudo, mira al rey!” (3,4; 18,3; 28,7), o como acusativo referido al rey: “¡Oh Dos, mira al rey, nuestro escudo!”. (Lm 4,20). En una lectura mesiánica el cristiano de hoy invoca a Dios Padre y le pide que se fije en el rostro de Cristo y derrame su gracia sobre su cuerpo místico que es la Iglesia y la comunidad concreta que está orando.

Un día en tus moradas

v.11.- “Un día en tus moradas vale más que mil”. La palabra hebrea éúøçá: “he escogido”, puede ir unida a la línea siguiente: “He escogido vivir en el umbral de la casa de Dios…” Pero quizás es un texto corrompido, y habría que leer behadri: en mi habitación. “Un día en tus moradas vale más que mil en mi habitación”. El contraste entre 1 y 1000 es convencional (Dt 34,20; Jos 23,10; Sal 90,4). La idea es que el peregrino sólo se puede quedar unos días en Jerusalén en contraste con los mil días que tiene que pasar en su casa, junto a las tiendas de los malvados.

El umbral

v.11b. “Quedarse en el umbral”, histofef  Se trata de un hapax, derivado de la palabra óñ umbral. Esto añade un contraste más a la oposición entre el Templo y la casa del peregrino. Es mejor vivir un solo día en el umbral del templo (en el último rincón), que mil días en el interior de mi casa, cómodamente arrellanado junto a los malvados.

Sol y escudo

v.12. Dios es sol y escudo, según el TM. Es el único texto donde Dios recibe el nombre de sol. La versión de los LXX es muy diversa. “El Señor ama la gracia y la verdad” y supone la traducción de un texto hebreo totalmente diverso del texto masorético actual.

k. Última bienaventuranza

Termina el poema con la tercera de las bienaventuranzas aplicada al hombre que confía en el Señor. La confianza en Dios es la fuente de la verdadera alegría. El peregrino está seguro de que su viaje transcurrirá sin percances, y esta seguridad es la causa de su alegría.

c) La peregrinación ética

Según Schökel el último verso introduce la idea de una peregrinación ética. Los que marchan en la honradez reciben del Señor favores, honor y bienestar. La estancia en el templo no es sólo una vivencia cúltica, sino que tiene como consecuencia una vida ética más exigente para el creyente. De nada serviría corretear por lugares santos si de hecho nuestra vida no se hace más santa. El camino hacia Jerusalén designa una vida de ascensión espiritual.

San Agustín ha escrito uno de sus comentarios más inspirados a este salmo, describiendo la tensión entre presencia y ausencia, posesión y nostalgia. San Juan de la Cruz en su “Subida al Monte Carmelo” aplica estos términos a la peregrinación espiritual de todo cristiano. Por eso este salmo resulta muy adecuado a la hora de comenzar alguna experiencia fuerte de oración, como pueden ser unos ejercicios espirituales y por supuesto podría ser un magnífico punto de partida para los que de hecho emprenden una peregrinación a Tierra Santa o a visitar algún otro Santuario especial donde uno espera tener un encuentro fuerte con Dios.

Juan Manuel Martin Moreno

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