Yom Kippur, el día de expiación (1/3)

5 marzo, 2014 Deja un comentario

Porque en este día se hará expiación por vosotros, y seréis limpios de todos vuestros pecados delante de Yahvé. Día de reposo es para vosotros, y afligiréis vuestras almas; es estatuto perpetuo.(Levítico 16:30-31)

A los diez días de este mes séptimo será el día de expiación; tendréis santa convocación, y afligiréis vuestras almas, y ofreceréis ofrenda encendida a Yahvé. Ningún trabajo haréis en este día, porque es día de expiación, para reconciliaros delante de Yahvé… Estatuto perpetuo es por vuestras generaciones en dondequiera que habitéis. Día de reposo será a vosotros, y afligiréis vuestras almas, comenzando a los nueve días del mes en la tarde; de tarde a tarde guardaréis vuestro reposo. (Levítico 23:27-28,31-32)

En el diez de este mes séptimo tendréis santa convocación, y afligiréis vuestras almas; ninguna obra haréis. (Números 29:7) 

 Yom Kippur: Nombres, Temas y Frases

  1. Yom Kippur (el Día de Expiación)
  2. Cara a Cara
  3. El Día (o el Gran Día)
  4. El Ayuno
  5. El Gran Shofar (Shofar HaGadol)
  6. Neilah (el cierre de las puertas)

 Entendimiento del Servicio Sacerdotal en Yom Kippur

Levítico capítulo 16, específica que el 10 de Tishrei es el día en el que el sumo sacerdote conduce una ceremonia especial para purificar el templo y al pueblo. La parte central del ritual es cuando el sumo sacerdote  presenta un becerro y dos cabras como ofrenda especial. Primero, sacrifica al becerro para purificar el templo de cualquier impureza provocadas por los pecados del sacerdote y de su casa (Levítico 16:6). Luego, se echan suertes para escoger a una de las cabras y sacrificarla para purificar el templo de cualquier impureza provocada por cualquier pecado del pueblo de Israel en general (Levítico 16:7-8). Finalmente, se libera a la segunda cabra en el desierto y no se sacrifica, para purificar al pueblo. Sobre esta cabra cae la suerte por Azazel y es enviada al desierto (Levítico 16:10). Antes de enviar a la cabra, el sumo sacerdote impone manos sobre la cabeza y confiesa todas las iniquidades y transgresiones de los israelitas, cualquiera que fueren sus pecados, transfiriéndolos de esta forma a la cabeza del animal. Así, está escrito en la Torá: “…y aquel macho cabrío llevará sobre sí todas las iniquidades de ellos a tierra inhabitada; y dejará ir el macho cabrío por el desierto”. (Levítico 16:20-22). 

 Azazel: El Chivo Expiatorio

La palabra en hebreo para chivo expiatorio es azazelAzazel era considerado como un tipo de satanás en el libro apócrifo de Enoc. Los pecados del pueblo, y por ende también el castigo merecido por el pueblo, eran puestos sobre la cabeza del azazel, el chivo expiatorio. Este llevaría sobre sí los pecados del pueblo y el castigo merecido. La figura del Azazel enviado al desierto es interpretado como la imagen de satanás, siendo lanzado al lago de fuego (Apocalipsis 19:20).

Veamos de cerca esta ceremonia descrita en Levítico 16:7-10. En Levítico 16:8, la primera suerte era “La Adonai” (por Yahvé). La segunda suerte era “La Azazel” (por el chivo expiatorio). El sumo sacerdote tomaba las dos suertes, una marcada como La Adonai y la otra como La Azazel, y las colocaba sobre la cabeza del respectivo animal, sellando de esta forma su destino. Se consideraba como una señal positiva cuando el sacerdote tomaba la suerte marcada La Adonai en su mano derecha; pero durante los 40 años anteriores a la destrucción del templo en el año 70, la suerte marcada La Adonai fue recogida por el sacerdote con su mano izquierda. En cualquier caso, los pecados del pueblo eran transferidos al chivo expiatorio (Levítico 16:21-22). Exceptuando los 40 años anteriores a la destrucción del segundo templo, la suerte La Adonai siempre apareció en la mano derecha del sacerdote y la suerte La Azazel apareció en la mano izquierda del sacerdote.

 Entendimiento Mesiánico

Dios dio esta ceremonia de las suertes durante Yom Kippur para enseñarnos que El juzgará a las naciones del mundo. 

      Jesús, durante su primera venida, figuró como un tipo de macho cabrío sellado como La Adonai. Él se dio a sí mismo como una ofrenda de expiación de pecados por nosotros, transfiriendo Dios todos los pecados del mundo sobre él (Isaías 53:1-6; 1 Corintios 15:3; Gálatas 1:3-4; Hebreos 2:17; 1 Juan 2:2; 4:10).

En la ceremonia de los dos machos cabríos, se consideraba que ambas cabras eran sacrificadas. Se ataba un listón rojo carmesí alrededor de los cuernos de la cabra sellada como azazel. En el momento preciso, se llevaba a la cabra a un risco en el desierto y se le lanzaba desde lo alto del risco. En relación con esta ceremonia, surgió una tradición muy interesante que es mencionada en la Mishná. Se ataba otro trozo de listón rojo en la puerta del templo antes de que la cabra fuera enviada al desierto. El listón se tornaba blanco en el mismo momento en que cumplía con su misión, señalando de esta forma que Dios había aceptado sus sacrificios y que los pecados habían sido perdonados. Esto se basaba en lo escrito en Isaías 1:18. Tal como se mencionó antes, el Mishná nos cuenta que durante los 40 años anteriores a la destrucción del templo, el listón dejó de tornarse blanco. 

Tomado del libro de Eddie Chumney, Las Siete fiestas del Mesías

Anuncios
Categorías:Libros Etiquetas: , ,

Qué amables son tus moradas – Salmo 84 (83) 2/2

3 marzo, 2014 Deja un comentario

Hemos escogido como ejemplo de una himno de alabanza el salmo 84 que aparece en los laudes del lunes de la tercera semana. Este salmo es un notable ejemplo de la devoción judía hacia el santuario de Jerusalén. Lo hemos escogido para mostrar lo excitante que podía llegar a ser la experiencia de peregrinación que se anticipaba gozosamente antes de ponerse en camino, y culminaba al llegar a la vista del Templo, donde tendrían la oportunidad de participar en los cantos, en los sacrificios y en la plegaria.

a) Naturaleza del salmo

Aunque no forme parte explícitamente del grupo de “salmos de peregrinación” o graduales (120-130), en el fondo, en el contenido y en el estilo, encontramos aquí la oración de un peregrino que expresa su delectación en el Señor. La alegría comienza en el momento en que se decide a partir (Cfr. Sal 122: “¡Qué alegría cuando me dijeron vamos a la casa del Señor!”). Acompaña al peregrino a través de las dificultades del viaje y llega a su cumbre cuando visita el templo y puede tomar parte en la liturgia de alabanza.

Una manera de alabar a Dios indirectamente es alabando todo lo que le pertenece, el templo, la ciudad santa, las bendiciones que emanan de ese lugar. El contexto podría ser la Fiesta de los Tabernáculos, si tenemos en cuenta la mención de la primera lluvia. En esta fiesta se pedía el don de la lluvia, se celebraba la realeza de Dios y se ofrecían oraciones por el rey davídico.

b) Análisis literario del salmo

En tres estrofas el poema va cantando el deseo del peregrino (2-5), el viaje (7-8) y su estancia en el Templo con la plegaria por el rey (9-11). Todo termina con un canto de gozo por las bendiciones que provienen de esa experiencia (12-13).

Deseo y nostalgia de Dios

v.3.- Este salmo nos recuerda el 42-43, en el que el poeta exiliado añora los atrios del Señor, y se identifica con la cierva que corre hacia las aguas. El salmo 84 utiliza la imagen del gorrión que es equivalente y está cargada de afectividad positiva. Es frecuente en la lírica el identificarse con los animales que uno contempla, proyectando sobre ellos los propios sentimientos del poeta.

Más adelante hablaremos de la experiencia del desterrado entre paganos que recuerda las fiestas gozosas del templo y desea intensamente poder viajar a Jerusalén para poder participar en ellas de nuevo. Esta nostalgia de la cierva está expresada en el salmo 84 mediante dos verbos: óñëð (nikhsaf) añorar y äìë (kalah) languidecer. Estos sentimientos afectan al hombre entero: alma, cuerpo y carne.

El nido del gorrión

v.4.- El salmista envidia la suerte del gorrión que ha hecho su nido junto al altar. El nido expresa la idea de residencia permanente (Nm 24,21, Abd 4, Hab 2,9), en contraste con la fugacidad de la visita del peregrino que sólo puede pasar unos días en el templo y debe regresar a vivir entre hombres malvados. “Dichosos los que viven en tu casa alabándote siempre”. Pero también, aunque menos, dichosos los peregrinos que preparan sus viajes.

Encontramos en el salmo tres macarismos o bienaventuranzas, dos al principio y uno al final. Uno de los macarismos se refiere a los que viven permanentemente en el templo (sacerdotes y levitas), el segundo al peregrino que se pone en camino. Y sin duda que la mejor parte es la del que reside permanentemente en el templo (Sal 65,5).

La puesta en camino

v.6-. “Dichoso el hombre que encuentra en ti su fuerza al planear en su corazón una ascensión”. El texto hebreo tiene la palabra “ponerse en camino”, pero los LXX y la Vulgata traducen por “ascensión”, anábasis; palabra técnica para designar la peregrinación. Preparar una ascensión es una expresión sugerente en la vida espiritual, para unos ejercicios, un retiro, un tiempo de silencio… Desde el momento en que se proyecta esta aventura espiritual, el alma se llena de gozo.

Valle Baka

El valle

v.7.- Este verso contiene 3 palabras que se pueden leer diferentemente: el valle de Baka’ àëá puede ser el valle del terebinto o el valle de las lagrimas. Moreh  äøåî puede significar “maestro” (LXX, Vulgata), o “primeras lluvias”. Hay finalmente un juego de palabras con las consonantes de äëøá, que pueden leerse como berakah (bendición) o berekah (alberca).

La idea general es que en mitad de un árido valle, o valle de sufrimientos, las primeras lluvias son un signo de bendición que el peregrino sediento encuentra a lo largo de su viaje. La transformación del valle seco en lugar de aguas nos recuerda el texto de Os 2.17, donde el valle de Akor (infortunio) se transforma en Petah Tiqwah äå÷ú çúô  : la puerta de la esperanza.

El segundo Isaías también ha contemplado el regreso del exilio como un camino a través del desierto en el que brota el agua, la tierra abrasada se torna en estanque y el suelo seco en aguas vivas (Is 35,6-7).

Los baluartes

v.8a. “De baluarte en baluarte”. También aquí encontramos un juego de palabras. El verso se refiere quizás a las diversas fortalezas por las que había que pasar a lo largo del viaje, o a los baluartes de la ciudad que el peregrino circundaba en el momento de llegar. Pero también se puede traducir “de altura en altura”, de fuerza en fuerza, , en el sentido de que el peregrino renueva sus fuerzas, porque no se fatiga. Su deseo pone alas a sus pies (Cfr. Is 40,29-31). Cuando uno está muy ilusionado por algo parece que no siente en absoluto la fatiga.

Ver a Dios

v. 8b. “ser visto delante de Dios”. Es una antigua variante para evitar la expresión “ver a Dios”. El sentido original guardaba semejanzas con la peregrinación pagana en la que el peregrino al llegar al santuario veía la estatua del dios. “Ver a Dios” se convirtió en un sinónimo de visitar un santuario (Sal 42,3). La expresión pertenece al mundo de los santuarios cananeos. Más tarde los judíos la consideraron teológicamente impropia, porque en Jerusalén no había estatua de dios, y los escribas censuraron el texto simplemente cambiando las vocales en el texto masorético, y poniendo “ser visto” en lugar de “ver”: äàøéé en vez de äàøé ver, “será visto”, se presentará.

La oración por el rey

vv. 9-10.- Era corriente orar por el rey en el templo. El bienestar del rey era la garantía del bienestar del país. La palabra “nuestro escudo” puede ser leída como vocativo, referida a Dios; “¡Oh Dios, nuestro escudo, mira al rey!” (3,4; 18,3; 28,7), o como acusativo referido al rey: “¡Oh Dos, mira al rey, nuestro escudo!”. (Lm 4,20). En una lectura mesiánica el cristiano de hoy invoca a Dios Padre y le pide que se fije en el rostro de Cristo y derrame su gracia sobre su cuerpo místico que es la Iglesia y la comunidad concreta que está orando.

Un día en tus moradas

v.11.- “Un día en tus moradas vale más que mil”. La palabra hebrea éúøçá: “he escogido”, puede ir unida a la línea siguiente: “He escogido vivir en el umbral de la casa de Dios…” Pero quizás es un texto corrompido, y habría que leer behadri: en mi habitación. “Un día en tus moradas vale más que mil en mi habitación”. El contraste entre 1 y 1000 es convencional (Dt 34,20; Jos 23,10; Sal 90,4). La idea es que el peregrino sólo se puede quedar unos días en Jerusalén en contraste con los mil días que tiene que pasar en su casa, junto a las tiendas de los malvados.

El umbral

v.11b. “Quedarse en el umbral”, histofef  Se trata de un hapax, derivado de la palabra óñ umbral. Esto añade un contraste más a la oposición entre el Templo y la casa del peregrino. Es mejor vivir un solo día en el umbral del templo (en el último rincón), que mil días en el interior de mi casa, cómodamente arrellanado junto a los malvados.

Sol y escudo

v.12. Dios es sol y escudo, según el TM. Es el único texto donde Dios recibe el nombre de sol. La versión de los LXX es muy diversa. “El Señor ama la gracia y la verdad” y supone la traducción de un texto hebreo totalmente diverso del texto masorético actual.

k. Última bienaventuranza

Termina el poema con la tercera de las bienaventuranzas aplicada al hombre que confía en el Señor. La confianza en Dios es la fuente de la verdadera alegría. El peregrino está seguro de que su viaje transcurrirá sin percances, y esta seguridad es la causa de su alegría.

c) La peregrinación ética

Según Schökel el último verso introduce la idea de una peregrinación ética. Los que marchan en la honradez reciben del Señor favores, honor y bienestar. La estancia en el templo no es sólo una vivencia cúltica, sino que tiene como consecuencia una vida ética más exigente para el creyente. De nada serviría corretear por lugares santos si de hecho nuestra vida no se hace más santa. El camino hacia Jerusalén designa una vida de ascensión espiritual.

San Agustín ha escrito uno de sus comentarios más inspirados a este salmo, describiendo la tensión entre presencia y ausencia, posesión y nostalgia. San Juan de la Cruz en su “Subida al Monte Carmelo” aplica estos términos a la peregrinación espiritual de todo cristiano. Por eso este salmo resulta muy adecuado a la hora de comenzar alguna experiencia fuerte de oración, como pueden ser unos ejercicios espirituales y por supuesto podría ser un magnífico punto de partida para los que de hecho emprenden una peregrinación a Tierra Santa o a visitar algún otro Santuario especial donde uno espera tener un encuentro fuerte con Dios.

Juan Manuel Martin Moreno

Categorías:Cantos, neocatecumenal Etiquetas:

Cristo, el héroe de los Salmos en la literatura rabínica

3 marzo, 2014 Deja un comentario

Los judíos veían al Mesías en los salmos en lo mismos contextos en los que lo ven los cristianos. Recojamos algunos ejemplos de la manera como los Sabios de Israel entendían la espera mesiánica.

Salmo 21

El mundo cristiano no considera habitualmente que el salmo 21 es un salmo mesiánico, pero el Midrash ve una referencia al Mesías Rey en los versos 2 y 4. Rashi interpreta del mismo modo el verso 7, y el Targum el 8.

“Señor, rey se alegra en tu fuerza”. “Pues le precedes de venturosas bendiciones y pones una corona de oro puro en su cabeza”. Te pidió la vida y se la otorgaste, largo curso de días para siempre jamás. Gran gloria le da tu salvación, le circundas de esplendor y majestad.”

El Midrash se pregunta: ¿Quién es ese rey? Dios no va a coronar a un rey de carne y sangre, pero el Santo, ¡bendito sea! dará su propia corona al Rey Mesías porque de él se ha dicho: ‘Tú has puesto una corona de oro puro en su cabeza’. Dios no revestirá a un rey terrestre de su propio vestido de púrpura, pero se la ha dado al Mesías, pues está escrito “Lo has revestido de gloria y majestad”.

Y el Midrash sobre el Éxodo dice: ‘Dios no revestirá a un rey terrestre con su corona. Pero el Santo, ¡bendito sea! colocará su corona en la cabeza del Rey Mesías. El vestido de púrpura y la corona eran parte de los atributos del Mesías”. El Mesías no es un rey de la tierra, ni un rey de carne y sangre. Lo que los rabinos nunca hubieran podido prever es qué tipo de vestido y de corona le iba a sed dado al rabino de Nazaret para humillarlo y despreciarlo.

Salmo 72

El Targum y el Midrash entienden que todo el salmo es un salmo mesiánico. “El rey que librará a los que están afligidos y necesitados es el Mesías, porque está escrito: ‘Un renuevo nacerá del tronco de Jesé y juzgará con derecho a todos los desvalidos” Todo el salmo es un canto al Rey Mesías. El verso 17 en hebreo dice: ‘Antes de que existiese el sol, su nombre era Yinnon, o sea ‘el que florece’”. Es una de las ocho palabras del Antiguo Testamento que significan ‘brote, renuevo’. El Midrash entiende que este nombre le ha sido dado al Mesías desde la creación del mundo.

Hablando de la profecía de Miqueas, según la cual el Mesías nacerá en Belén, Rashi hace alusión al salmo 72: “el Mesías, el Hijo de Dios, como dice el salmo 118, es la piedra que han rechazado los constructores, se remonta a los tiempos antiguos, porque antes del sol se llamaba “Yinnon”. El rabino David Quimhi dice de una manera sorprendente: “En los tiempos mesiánicos se dirá que sus orígenes se remontan a tiempos antiguos. “De Belén” significa que será de la Casa de David, porque hay un largo lapso de tiempo entre David y el Mesías-Rey, y es El (Dios), lo cual explica cómo existía en los tiempos antiguos”.

Salmo 2

El salmo se refiere al ungido, en hebreo, Mesías. Dos veces se le menciona como “El Hijo”. Recibirá en herencia todas las naciones paganas. Se le acogerá con un beso, como rey y maestro. Comentando las palabras del salmo “Yo proclamaré el decreto del Señor”, el Midrash trae algunos de los pasajes asociados a esta frase.

“Es el decreto de los profetas, porque Isaías 52,13 dice: He aquí que mi servidor prosperará”. Is 42,1 añade: “He aquí mi servidor a quien yo sostengo”. Es el decreto de los salmos, como declara el salmo 110,1: “Oráculo del Señor a mi Señor: ‘Siéntate a mi derecha’”. El salmo 2,7 declara: ‘Me ha dicho: Tú eres mi Hijo’, y en otra parte está escrito: “He aquí que viene sobre las nubes del cielo como un Hijo de Hombre” (Dn 7,13). Los decretos son los del rey, el Rey de reyes, diciendo que esto le sucederá al Rey-Mesías”.

La tradición del Zohar asocia esta palabra con el verso 12 del salmo 2: “besad al hijo” (nashqu bar). En Gematría BAR = “hijo” tiene un valor numérico de 202 y las letras de av qal: son también 202. Estas comparaciones no tienen ningún valor en sí mismas, pero nos ayudan a comprender la manera de razonar de los cabalistas y las consecuencias que sacan.

Cuando el Zohar describe al Hijo – BAR, propone su afirmación de una forma trinitaria: “Tú eres el buen pastor, de ti se ha dicho: “Besad al hijo”. Tú eres grande aquí abajo, maestro de Israel, Señor de los ángeles que sirven, Hijo del Altísimo, Hijo del Santo cuyo nombre sea bendito y su Espíritu Santo.

Salmo 110

El Midrash sobre los Salmos dice del verso: “Siéntate a mi derecha”: “Esto lo dice al Mesías, y su trono está preparado según la gracia y se sentará sobre él”- Cuando el Talmud habla de los dos ungidos de Zacarías 4,14, aplica este verso a Aarón y al Mesías y añade: “Yo no sé a cuál de los dos yo debería preferir. Cuando está escrito: ‘El Señor ha jurado y no se arrepiente. Tú eres sacerdote para siempre”, sabemos que el Mesías Rey es más agradable que el Sacerdote de Justicia.

El Rabino Simón el Predicador (s. XII) dice: “El Santo colocará al esperado rey Mesías a su derecha y a Abraham a su izquierda. El rostro de Abraham palidecerá de envidia y dirá: “El hijo de mi hijo se sienta a tu derecha, ¿y yo me tengo que sentar a tu izquierda?’ Entonces el Santo le tranquilizará diciendo: ‘Tu hijo está a tu derecha, y yo estoy a tu derecha”.

Salmo 118

En este salmo los Sabios aplican al Mesías las palabras de acogida: “Bendito el que viene en nombre del Señor” y los Hosannas. El Zohar explica: “Se refiere aquí a aquél que va a venir… Pues Israel debe cantar esto al que ha de venir. Dios extenderá su brazo una vez más para salvar al resto de su pueblo. Este canto es un canto real y habla de la comunidad de fe y de la venida del Mesías”.

Pero las palabras a propósito de “la piedra rechazada que se ha convertido en piedra angular” son las que más a menudo se contemplan a la luz mesiánica. Los rabinos piensan que es posible que el pueblo elegido no acepte al Mesías. El rabino Samuel Ben Yitshaq dice que Jeremías “llorando en secreto a causa de su orgullo”, quiere hablar del orgullo de Israel que es la razón por la que la Torah les será quitada para ser dada a las naciones paganas”.

El salmo 118 habla sin equívocos del hecho de que el Mesías será rechazado, pero un día será exaltado a su estatuto real legítimo.

 

Juan Manuel Martin Moreno

Esta sección es un resumen de Ribte Santana, El Mesías en el Antiguo Testamento a la luz de los escritos rabínicos, Jerusalem 1992.  
Categorías:Libros Etiquetas: , ,

Urgencias 1

25 febrero, 2014 Deja un comentario

P. Chus Villarroel

A los cinco días de recibir el alta de una grave operación de cáncer me tuvieron que ingresar de nuevo con una insuficiencia renal bastante aguda y con 3,7 de creatinina. Me habían operado en la clínica madrileña de La Paz y allí reingresé por urgencias. Sucedió el viernes 25 de octubre de 2013 por la tarde. Después de largos trámites y esperas me sentaron en un sillón donde tuve que aguardar bastantes horas hasta que, por fin, debido a los resultados de un análisis de sangre, me dieron una cama, a altas horas de la noche. El box donde me ingresaron, uno de varios, era una sala cuadrada con siete camas o camillas en los distintos espacios abiertos en las paredes laterales sólo separadas por cortinajes. Delante de cada cama, en la misma fila, ponían con frecuencia otra camilla y de hecho estas supletorias también tenían número. En mi fila, mi cama era el número 20 y delate tenía, a veces, la 19. Después el pasillo central y a la otra parte la 18 y pegada a la pared contraria, la l7. Cuando no había supletorias, el pasillo era más ancho.

Las cortinas estaban casi siempre plegadas de modo que podías ver toda la sala con una simple mirada, con lo cual el espectáculo estaba servido. El que deambule tranquilamente por Madrid y nunca haya estado enfermo no tiene ni idea del detritus humano que genera la enfermedad en las grandes urbes. El espectáculo, en algunos momentos es dantesco. Tuve tiempo de disfrutarlo porque esperando una cama en planta tuve que estar cuatro días con sus cuatro noches en urgencias y, desde ahí, sin conseguir habitación, salir a la calle, aunque bastante mejorado. El Hospital entero de la Paz estaba bloqueado y daba la impresión de que no había altas y no se moría nadie. A lo mejor es que las camas que iban quedando libres no me tocaron a mí.

Inimaginables los ruidos, los gritos y los ayes de las personas enfermas allí alojadas, unas veinticinco de media. Gentes de toda ralea, en especial ancianos, la mayoría, mujeres, muchas veces con graves deficiencias mentales, que se hacían sus necesidades a tu lado. Cada poco entraba la policía con alguien o el Samur o la Cruz Roja o particulares de diversas especies. Estos iban siendo colocados en sillones y a esperar horas y noches mientras estudiaban su caso. Todo era público, todo a carreras, todo a gritos, de día y de noche. Raros eran los momentos de sosiego. La cama de una moribunda, encajada a la fuerza, estuvo tocando a la mía una noche entera, mientras yo oía sus estertores. Me volvía para el otro lado pero la bolsa de ileostomía me lo impedía. Gentes que querían escapar, otros que clamaban por volver a casa. Poder dormir un rato parecía imposible.

La familia de la moribunda pidió la unción de los enfermos. El cura que se la dio tampoco tenía complejos en la voz. Lo hizo suficientemente fuerte para que la sala enmudeciera por unos momentos. Me conocía pero no me saludó, cosa que agradecí. En mi alma sólo había cabida para retazos de angustia. Una enfermera me dio un orfidal para que me lo pusiera debajo de la lengua. Así lo hice, y pude dormir algo durante dos o tres horas aunque, dormido y todo, percibía la estridencia de los ruidos continuos. El despertar fue encontrarme en un país de fantasía, en una habitación llena de cortinajes blancos movidos por una suave brisa, con música y coreografía del Lago de los Cisnes. Pronto, sin embargo, me di cuenta de la realidad y de mi penosa situación. Lo que me despertó fue un altavoz que decía: “Celador, al salón de sillones”. ¿Qué será el salón de sillones? Nunca había experimentado en mi vida nada semejante. No obstante, me desperté y comenzó el día con cierta sensación de descanso.

A la primera chica que me fue a poner el termómetro, le pregunté por el Salón de Sillones. Me dijo: “Es una sala, como ésta, en la que no hay camas sino sillones y la gente espera allí sentada que se resuelva su caso”. Se me vino la poesía a los pies y me di cuenta que tenía que asumir y que me era imposible la salida. Me volví a mi interior para hacer acopio de toda mi fe pero tampoco de ese horizonte me llegaban vientos de consolación. El Espíritu se había quedado a la puerta de Urgencias. Cualquier pregunta o por qué, que me saliera del alma, se ahogaba en un corto recorrido. Estaba en medio de la humanidad doliente y dolorosa, la pobreza humana, recién brotada del pecado original estaba allí sufriendo su castigo y lo que es más grave sin culpa personal alguna.

Sea lo que sea, esa es nuestra condición y más allá de ciertos límites no es bueno inquirir y menos sacar conclusiones. A mí lo que me interesaba era mi fe, ¿Dónde estaba la fe de toda mi vida? ¿Me valía algo para superar aquel trance?  Durante un tiempo me vi desasistido y lo pasé mal. Toda la vida viviendo de la fe y confiando en ella y no sentir su auxilio en momentos tan lacerantes y trágicos como aquellos suscita en uno frustración y asfixia; pero pronto comencé a poder orar lo cual significó mi salvación. Todo seguía igual pero yo podía orar, podía interiorizarme, podía verlo todo desde otro plano, podía salir de mí, de mi angustia y de mi soledad. Era una oración sencilla, contemplativa, interior en la que se me revelaba que todo estaba en las manos de Dios. La fuerza interior que me habitaba tenía rostro y presencia de Cristo y de María. Me sentía acompañado por ellos. Cerraba los ojos y los sentía dentro y con ellos pasaba algunos ratos. Esta experiencia llega cuando llega porque es gracia, pero para que esta intimidad suceda dentro de ti tiene que haber precedido en tu vida un largo ejercicio espiritual y una vida de oración e interioridad suficientemente fuerte.

Desde ahí comencé a ver el lado bueno del espectáculo que estaba viviendo y presenciando. En la mesa que presidía, llamémosla así, siempre había un grupo de médicos jóvenes, ellos y ellas, escribiendo y al tanto de todo. Unos eran profesionales y otros aprendices. La Paz es una clínica universitaria. Después estaba el grupo de enfermeras, ellos y ellas, y auxiliares, todos jovencísimos, y el resto de personal que ayudaba en las diversas tareas y en la limpieza. Estos ya de distintas edades. ¡Qué paciencia, Dios mío, qué aguante, que dominio de sí! ¡Cuantísimas impertinencias, qué matraca les dábamos los enfermos! Ni una palabra ni un gesto de displicencia; palabras suaves, pacientes. Yo me decía esta gente tiene don; no todos los médicos y enfermeras valen para esto. El ateclar con esa parsimonia a una viejita alzéimica, o a dos y tres a la vez, requiere un temple de hierro y algo más. Una enfermerita me contestó: “para eso me pagan”. Pero no, no es verdad, no es sólo por eso.

De hecho yo empecé a sentirme orgulloso de tal conducta humana. Cuando pude contárselo a alguien le dije que se me había aumentado la fe en la raza española. El garbo y el salero en el servicio me impresionaban. Algunas de las chicas, entre las que había grandes bellezas, lo hacían como jugando, siempre dos o tres cosas a la vez. Se relacionaban mucho entre ellas, se emulaban, o así me parecía a mí, siempre a gritos, eso sí, pero con enorme eficacia. Su presencia al lado de tu cama para servirte era fugaz como la de la abeja en la flor pero lo comprendías siguiendo su juego con los ojos. A veces desaparecían en plena noche. Yo les decía “¿Cómo te busco para cambiar la bolsa cuando no estáis?” Me respondían: “Tú grita, que pronto aparecemos”. Sí, pero a las cuatro de la mañana, mientras los demás intentaban dormir, no le era fácil gritar a un hombre como yo que se ha identificado a ciertas horas con el silencio profundo desde el noviciado.

La dulzura de la oración se mantenía en medio del infierno del que parecía brotar. Me hacía penetrar por los sentidos la pasión de Ntro. Señor Jesucristo que escandalizaba a mi hombre viejo y burgués haciéndole morir a sí mismo. No sé cuál de los cinco sentidos se llevaba la palma. Podría citar al oído y al olfato. El oído sufría por el ruido, el barullo continuo y lo horrísono de muchos gritos y movimientos de camas a cualquier hora del día y de la noche. El olfato me hacía sufrir grandemente. No me refiero al mal olor de los demás, que también, sino al mío propio con mis orines y mi bolsa. “Señor, le decía, cómo traspasan estas cosas mi encarnación. Tu nos salvaste en tu cuerpo de carne (Col. 1, 22) pasando por todo ello. Si no lo acepto, no soy tuyo en plenitud, permanezco en mí mismo”. Entonces poco a poco iba recibiendo esa gracia.

En el sentido del gusto apenas sufrí nada. En algún momento creí que me iba a dar asco de todo pero no fue así. Al ir superando con el gotero la insuficiencia renal me iba entrando un hambre que no conocía desde hacía mucho. La comida estaba compuesta por manjares simplemente de urgencias pero que me sabían a gloria incluida la lechuga cruda y sin aliñar. Lo terminaba todo. En el tacto, finalmente, lo peor era yo mismo. Tocarme lleno de heridas y de puntos, asquerosito por los cuatro costados. Me sentí muy pobre y el Señor iluminó esa pobreza mía con lo que comprendí muy bien la de los demás.

P. Chus Villarroel OP

Categorías:Chus Etiquetas:

La Cruz gloriosa – De la homilía “La Santa Pascua” de un autor anónimo del siglo II (2/2)

3 octubre, 2013 Deja un comentario

Los frutos de la Pasión (La Santa Pascua, 49-55)La Cruz gloriosa

Ésta era la Pascua que Jesús deseaba padecer por nosotros: con la Pasión librarnos de la pasión, con la Muerte vencer a la muerte, y con el alimento invisible darnos su vida inmortal.

Éste era el deseo salvífico de Jesús, éste su amor enteramente espiritual: mostrar las figuras como figuras y, en su lugar, dar a los discípulos su sagrado cuerpo: tomad y comed, esto es mi Cuerpo; tomad y bebed, ésta es mi Sangre de la nueva alianza, que es derramada por muchos para remisión de los pecados (Mt 26, 26-28). Por eso deseaba, más que comer la Pascua, padecerla, para librarnos de la pasión contraída comiendo.

Por eso, sustituye un árbol por otro y, en vez de la mano perversa que al principio se extendió impíamente, deja enclavar su mano inmaculada con un gesto de piedad, mostrándose como la verdadera Vida colgada del árbol. Tú, Israel, no pudiste comer de él; nosotros, en cambio, con un conocimiento espiritual indestructible, comemos de él y no morimos (cfr. Gn 1, 17; 3, 4-6).

Este es, para mí, árbol de salvación eterna: de él me nutro y sacio. Por sus raíces hundo mis raíces, por sus ramas me expando, de su savia me emborracho, por su espíritu—como de un viento delicioso—soy fecundado. Bajo su sombra he plantado mi tienda y, huyendo de los grandes calores, encuentro un refugio lleno de rocío. Por sus flores florezco, con sus frutos me deleito y los tomo libremente porque están destinados a mí desde el principio.

Este árbol es alimento para saciar mi hambre, manantial para mi sed vestido para mi desnudez; sus hojas son espíritu de vida, y nunca más hojas de higuera (cfr. Gn 3, 7). Este árbol es mi protección cuando temo a Dios, mi báculo cuando vacilo, mi premio cuando combato y mi trofeo cuando venzo. Este árbol es para mí senda angosta y camino estrecho. Este árbol es la escala de Jacob y la vía de los ángeles, en cuya cima está verdaderamente apoyado el Señor.

Este árbol de dimensiones celestiales se eleva desde la tierra hasta los cielos, hincándose entre el cielo y la tierra como planta eterna, como sostén de todas las cosas y quicio del universo, como soporte del mundo entero y vínculo cósmico, que mantiene unida a la mudable naturaleza humana, enclavándola con los clavos invisibles del Espíritu, para que, sujeta a la divinidad, no se separe más de ella (…).

Aunque llena el universo, el Señor se desvistió para luchar desnudo contra las potencias del aire. Y por un instante gritó que se apartase de Él ese cáliz, para mostrar verdaderamente que Él es también hombre (cfr. Lc 22, 42); pero acordándose de su misión y queriendo cumplir el designio de salvación para el que había sido enviado, gritó de nuevo: no mi voluntad, sino la tuya (Ibid.). En efecto, el espíritu está pronto, pero la carne es débil (Mt 26, 41).

Como combatía una batalla victoriosa en favor de la vida, su sagrada cabeza fue coronada de espinas, borrando así la antigua maldición de la tierra y extirpando con su divina frente las copiosas espinas producidas por el pecado. Al beber después la amarga y ácida hiel del dragón, derramó las dulces fuentes que manan de él.

Queriendo, en efecto, destruir la obra de la mujer y contraponerse a aquella que al principio salió del costado de Adán como portadora de muerte, el Señor abrió su sagrado costado, del cual manó su sagrada sangre y el agua, signos plenos de las espirituales y místicas bodas, de la adopción y de la regeneración, según lo que está escrito: Él os bautizará en Espfritu Santo y fuego (Mt 3, 11): el agua como bautismo en el Espíritu, la sangre como bautismo en el fuego.

Entonces fueron crucificados con Él dos ladrones, que llevaban en sí las señales de los dos pueblos: uno de ellos se convierte mediante el agradecimiento, confiesa sinceramente sus culpas y se apiada de su Soberano; el otro, en cambio, se rebela porque es de dura cerviz, no muestra agradecimiento ni piedad hacia su Señor y persiste en sus viejos pecados. Estos dos hombres manifiestan también dos sentimientos del alma: uno de ellos se convierte de sus antiguos pecados, se desnuda ante su Soberano y obtiene así, mediante la penitencia, misericordia y recompensa; el otro, en cambio, no tiene excusa, porque, al no querer mudar, permanece ladrón hasta el final.

Cuando terminó [Cristo] el combate cósmico, venciendo en todo y por todo, sin ser exaltado como Dios ni postrado como hombre, se quedó plantado, como límite de todas las cosas, como trofeo de victoria, llevando en sí mismo un triunfo contra el enemigo.

Entonces, frente a su larga resistencia, el universo se llenó de estupor; entonces, los cielos se conmovieron, y las potencias, los tronos y las leyes celestiales se estremecieron, al ver colgado al archiestratega de la gran milicia. Poco faltó para que los astros del cielo cayeran, al contemplar extendido a Aquél que es anterior a la estrella de la mañana, y durante algún tiempo la llama del sol se apagó, viendo oscurecerse la gran luz del mundo. Entonces se quebraron las piedras (cfr. Mt 17, 51 ) de la tierra, para gritar la ingratitud de Israel: tú no reconociste la piedra espiritual que seguiste y de la cual bebiste (cfr. I Cor 14, 4); se rasgó el velo del templo, para participar en la Pasión y señalar al verdadero Sacerdote celeste. Por poco el mundo entero no fue aplastado y disuelto por el espanto ante la Pasión, si el gran Jesús no hubiese exhalado su divino Espíritu diciendo: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu (Lc 23, 46).

Y mientras todas las cosas eran turbadas y removidas por un estremecimiento de miedo, inmediatamente, al remontarse el divino Espíritu, el universo casi reanimado, vivificado y consolidado encontró su estabilidad.

Las cuatro preguntas

1 abril, 2013 1 comentario

Cuatro preguntas, cuatro tipos de personas

Introducción

Una de las panes fundamentales del Séder pascual judío era la Haggadá o relato referido al capítulo 12 del Éxodo en el que se narra la salida de los israelitas de Egipto y la celebración de la primera Pascua. Su inclusión en la liturgia de esta noche viene dispuesta expresamente por la Escritura: “Y cuando el día de mañana te pregunte tu hijo: ¿qué significa esto?, le dirás: “Con mano fuerte nos sacó Yahveh de Egipto, de la casa de servidumbre…” (Ex 13, 14)”

Este relato de carácter didáctico es realizado por el padre o, en su ausencia, la persona que desempeña la autoridad dentro de la comunidad familiar o del grupo celebrante. Es la respuesta a las preguntas de los más pequeños y constituye toda una catequesis cuya finalidad es transmitir la fe a la próxima generación.

Estas preguntas reciben en hebreo el nombre de “Ma Nishtaná“(“¿Qué hay de diferente… ? “). Su forma y contenido han variado con el paso del tiempo. En principio son cuatro preguntas fijas a las que se añaden las interrogantes espontáneas derivadas de la curiosidad infantil.

Ya en antiguos textos judíos como la “Misná” (colección de tradiciones que recogen la Torá oral) o la ”Mekilta de Rabbí Yismael”, las cuatro preguntas fijas del canto infantil se relacionan con los cuatro tipos de hijos y las cuatro actitudes diferentes que los participantes en la Pascua pueden mantener ante el paso salvador de Dios.

Basada en esta antigua tradición judía, sin ninguna duda plenamente válida para una catequesis cristiana actual sobre la Pascua, se desarrolla a continuación un breve comentario dirigido a los protagonistas más jóvenes de esta celebración fundamental para la fe.

Valga añadir que el hecho de que un niño haga una pregunta determinada no implica que se identifique con la actitud que la misma manifiesta. Es fácilmente comprensible que la finalidad de este diálogo es ayudar al entendimiento de los misterios y significados que contiene la Pascua.

¿Por qué esta noche estamos levantados?

A los niños que hacen esta pregunta, lo que más les llama la atención es el hecho de estar levantados y no acostados en la cama como es habitual a esas horas de la noche.

Estar despierto, de pie, levantado, es una postura normal en aquellos que sienten la proximidad de algo importante.

Basta con fijarse en el patio de cualquier colegio el día en que se inicia un nuevo curso. Será difícil encontrar un solo niño que permanezca sentado. La emoción y los nervios hacen que todos griten, corran y salten sin parar.

¿Qué niño permanecerá echado en la cama durante la mañana de la fiesta de los Reyes Magos?

Es imposible descansar o tumbarse cuando sentimos que algo maravilloso se acerca. Nuestra alma obliga al cuerpo a estar atento.

Cuando alguien se encuentra sufriendo o sumergido en la tristeza no tiene fuerzas ni para permanecer en pie. No quiere levantarse de la cama; prefiere estar tumbado. ¿Habéis escuchado esta palabra? “Tumbado”  ¿Os dais cuenta de que “tumbado” viene de tumba? ¿Y quién está en la tumba? ¿No es acaso el que está muerto, aquel que no tiene vida?

La fe no puede tumbarse. La fe nos mantiene levantados porque sabe que se acerca la Pascua. Es el mismo Jesucristo quien viene a nuestro encuentro para hacemos sentir la verdadera felicidad. Es el mismo Jesús resucitado de la “tumba” quien se acerca para demostramos su amor.

¿Por qué hemos ayunado?

Esta es la típica pregunta de los que viven la Pascua enfadados. Es la duda de los rebeldes.

Durante las horas anteriores a la Pascua, la Iglesia proclama un ayuno en el que se nos invita a participar a fin de estar bien dispuestos para la fiesta y el banquete pascual que disfrutaremos durante la madrugada del Domingo de Resurrección.

El ayuno hace sufrir .al cuerpo: el estómago molesta, las piernas se cansan, aparece un gusto desagradable en la boca. ¿Por qué tenemos que pasar este mal rato? En esta pregunta van incluidas muchas quejas, pero todas se podrían resumir en una sola: ¿Por qué tenemos que sufrir?

Es la gran duda de los que se creen listos y los sabios Cuando hacen la pregunta no les interesa para nada la respuesta que se les pueda dar. Lo que quieren en el fondo es interrumpir de una vez el ayuno para que les deje de molestar el estómago. Como quienes hacen esta pregunta son muy inteligentes, ellos mismos han encontrado la solución al problema: el ayuno es una exageración que no sirve para nada. No es necesario hacer cosas tan dolorosas y molestas para participar en la Pascua. ¿No repetimos continuamente que la Pascua es una fiesta7 ¿A qué viene entonces pasarse toda la noche con esa sensación tan desagradable causada por el ayuno? ¿No sería mucho mejor acudir a la Pascua bien cenado y con el cuerpo entonado? Todo lo demás es fanatismo y sacar las cosas de quicio.

Los que así piensan, los que así sienten, no tienen ningún interés por nada: ni Abraham, ni el Éxodo, ni las promesas, ni la cruz, ni los cantos, ni la resurrección… Lo único que interesa es que todo vaya rápido y que la iglesia esté caliente. Cuanto antes acabemos, mejor. Fuera sufrimiento, fuera pruebas, fuera todo. ¿No es una estupidez sufrir a lo tonto cuando se puede evitar de una forma tan sencilla?

¿Por qué esta noche esperamos?

Esta es la pregunta de los resignados, de los que viven la fe como un montón de mandamientos que hay que cumplir a la fuerza, sin alegría, sin entusiasmo, sin esperanza. ¿Qué nos puede traer la vida que ya no conozcamos? ¿Qué diablos esperamos de la Pascua si ya nos lo sabemos todo de memoria? ¿Es que por casualidad se van a solucionar nuestros problemas después de estar rezando o escuchando los mismos rollos durante tanto rato?

Ese niño está triste porque no es lo suficientemente listo. Aquél, porque no es lo suficientemente guapo. Este otro porque no se lleva bien con su padre. Aquél de camisa azul porque nadie le hace caso. “Pues yo te aseguro -dice el niño que hace esta  pregunta- que después de la Pascua ni el tonto va a ser más listo, ni el feo más guapo, ni el padre del otro muchacho va a cambiar, y ese que estaba sólo va a seguir exactamente igual”.

Para ser tan jóvenes, estos niños ya saben que no hay otra solución más que aguantarse y fastidiarse. La lección se la saben muy bien: Jesucristo ha sufrido mucho por los pecadores, ha muerto y ha resucitado. Pero es que Él era Dios y Dios es muy bueno y muy fuerte. Y Él está en el cielo pero nosotros tenemos que vivir en la tierra. Es cierto que a veces ayuda algo, pero a quien le toca la china, que se aguante.

Este niño, al igual que los listos que siempre están enfadados, no canta, ni pide, ni toca instrumentos, ni hace nada. El listo porque está en rebeldía. Éste, porque le da todo igual. Cumple lo que se le manda para que Dios no le castigue. Y se acabó.

Los que preguntan “¿qué esperamos?” es porque se asombran de que a estas alturas todavía haya alguien que mantenga la esperanza de que las cosas cambien, de que la felicidad y la vida verdadera aun sean posibles.

¿Por qué esta noche estamos levantados, hemos ayunado y estamos esperando?”

Ahora les toca el tumo a los que todo les llama la atención porque ni se han esmerado, ni entienden nada de lo que sucede a su alrededor.

Si estos niños en vez de personas fuesen animales, se les podría comparar con una tortuga. Tienen un caparazón duro como el cemento; se meten dentro y se apartan de todo lo que les rodea.

En su cabeza sólo habita un pensamiento: “Dejadme en paz”. ¿A qué viene tanto jaleo? Yo no comprendo nada, ni me interesa nada. No quiero que me molestéis.

Es fácil que quienes tienen esta actitud tan apática, hayan pasado en las hayan pasado en las Pascuas anteriores por todas las formas posibles de estar: primero, por la del niño rebelde que no quiere sufrir y después por la de aquel otro que no tiene esperanza. De esa forma ha acabado por no fiarse de nada ni de nadie. Él va a su aire y tal como entra en la celebración, sale de ella.

Emiliano Jiménez Hernandez

Categorías:Libros, Pascua

Las cuatro noches

1 abril, 2013 1 comentario

Primera noche: la Creación

La Pascua es acción de gracias por la Creación de Dios.

En el principio creó Dios cielo y tierra” (Gn 1, 1). La creación comienza con la irrupción de la luz divina en la oscuridad caótica. La acción creadora de Dios, por medio de su Palabra, aparece como un acto ubre del Señor que manifiesta la absoluta gratuidad con que actúa tanto en la historia de la salvación (Rom 9, 8.30) como en la llamada del mundo a la existencia. Dios crea y se da por puro amor y por pura gracia. La Pascua, al resaltar la alegría de la primavera, se convierte también en memorial de la creación.

Israel celebra con una misma alabanza el amor del Dios creador del universo y de la historia La Pascua es, en principio, la fiesta de la primavera como celebración de la creación. Pero la gran primavera de Israel es aquella en la que Dios lo libera de la esclavitud de Egipto. El Éxodo es el momento en que Dios engendra a Israel como pueblo (Dt 32,5-10; Ez 16,4-7).

La creación anticipa la ”redención”. Este lazo entre Pascua y creación quedaba subrayado por las lecturas bíblicas usuales en la liturgia sinagogal. El ciclo de lecturas era trienal. El primer año se empezaba el mes pascual de nisán justamente con el relato de la creación según el capítulo primero del Génesis; y el año segundo comenzaba con el capítulo decimosegundo del Éxodo. así pues, la liturgia enlazaba la fiesta de la creación y la del Éxodo.

AquedáhSegunda noche: Abraham

La segunda noche que recuerda la Pascua hebrea es la del sacrificio de Abraham, noche en la que, como proclama el Targum “apareció la fe sobre la tierra”. La tradición judía pone este acontecimiento en relación directa con la Pascua. En el libro de los Jubileos se afirma que Isaac fue ofrecido el 14 de Nisán, a la misma hora en que más tarde se inmolaría el cordero pascual, y la montaña del holocausto no fue otra que el monte Sión, lugar del futuro templo de Jerusalén. Igual que Isaac fue rescatado con la sangre del camero, todos los primogénitos hebreos serán salvados por la sangre del cordero pascual. Las promesas hechas a Abraham son gratuitas; no se fundan en sus posibilidades ni en sus méritos. A la promesa no corresponde por parte del hombre el “conocimiento”, sino la fe y la obediencia. Es el proceso opuesto al pecado original.

Yahveh es un Dios de vida; su presencia nunca es estática, es “paso”, pascua que pone al hombre en movimiento sacándole de sus seguridades. Abraham, movido por la promesa, vive abierto a un futuro no calculable, al proyecto de Dios que le es desconocido es inverosímil. Así la fe se presenta como un absoluto apoyarse en Dios. La orden y la promesa aparentemente se contradicen, pero Abraham cree y entra en una contradicción que llega a su culmen con la exigencia del sacrificio de Isaac, el hijo de la promesa. La fe vence al absurdo, esperando frente a la aniquilación de toda esperanza.

Tercera noche: el Éxodo

La descendencia de Abraham llegó a convertirse en el pueblo de la promesa, pero sometido a esclavitud quedaba reducido a la misma impotencia que su antepasado. Israel descubre a Dios en su actuar en la historia. a través de su liberación de la esclavitud.

La tercera noche que se celebra en la Pascua judía, es la del Éxodo.

No se trata de un aniversario de la antigua liberación de Egipto, sino de un misterio actualizado cada primavera, como si generación tras generación todo fiel fuera rescatado personalmente de la esclavitud. Los profetas mantendrán vivo el recuerdo de los acontecimientos del primer éxodo para que, a la luz de este memorial se haga eficaz en el presente de la historia la fuerza salvadora de Dios.

El culto, aquel que el faraón quería impedir a los israelitas, es el memorial conmemorativo de la intervención salvadora de Dios en la historia. La Pascua revive la  liberación de Israel de la esclavitud (Ex 12,23, 15; Dt 16, 1-8)

Dios que Libró una vez a su pueblo, lo salvará, lo recreará, en cada nueva situación de esclavitud. En la cena pascual, cada uno de los comensales tiene la certeza de que, por medio de la liturgia, está compartiendo junto con sus antepasados la salida de Egipto, experimentando de esa forma el paso de la esclavitud a la libertad, de la tristeza al gozo, del llanto a la alegría festiva de la muerte a la vida.

Cuarta noche: la fiesta eterna

La cuarta noche que se celebra en la Pascua es la del final de los tiempos “cuando el mundo llegue a su fin para ser rescatado… y el Rey Mesías venga de arriba” (Targum). Cada Pascua es profecía del día escatológico y mesiánico. “En esta noche han sido salvados, en esta noche serán salvados”, se decía en la Liturgia judía.

Todas las intervenciones salvíficas de Dios, unidas a la celebración de la liberación de Egipto, hacen esperar su intervención definitiva en el futuro con la llegada. Del Mesias. Esta salvación definitiva (escatología) aparece como una nueva creación (Is 65, 17), un éxodo irreversible (Is 65,22), una victoria absoluta y definitiva sobre el mal que recobra el paraíso de nuevo (Is 65,25). Por ello, en la noche pascual los judíos aguardan la llegada del Mesías, dejando en su mesa una silla vacía para Elías, que le precederá anunciando su venida.

Emiliano Jiménez Hernandez

Categorías:Libros, Pascua Etiquetas: ,
A %d blogueros les gusta esto: