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Posts Tagged ‘Cuaresma’

Tentaciones: espejismo de la fiesta

28 marzo, 2014 Deja un comentario

El camino a través del desierto es el itinerario de la fe que se resume en el Shemá: “Escucha, Israel: Yahveh nuestro Dios es el único Dios. Amarás a Yahveh tu Dios con todo tu corazón, con toda tu mente y con todas tus fuerzas” (Dt 6,4). Esto “te hará feliz… en la tierra que mana leche y miel” (Dt 6, 3).
Pero frente a este camino de vida a la que aspira todo hombre se alzan tres tentaciones como espejismos de felicidad, engañándole y arrastrándole a la muerte.

Hedonismo
La existencia del sufrimiento pone al hombre en la situación de decidir entre Dios, la promesa, la alianza… o el placer inmediato, el presente, la alienación.
La tentación de la sensualidad empuja al hombre a la búsqueda del placer y a esquivar obsesivamente el dolor.

La autonomía moral
Es la tentación que lleva al hombre a constituirse como señor de su historia y a rechazar a Dios como creador y fuente de toda vida. Ante la cruz, ante la prueba, el hombre reta a Dios para que ponga fin al sufrimiento. Si este acto de rebeldía no produce el fruto deseado, el hombre adopta una de estas dos actitudes: abandonar a Dios y volverse a los ídolos en busca de nuevos apoyos o negar la misma existencia de Dios (ateísmo).

El becerro de oro
Al apartarse de Dios, el hombre se siente solo, asustado y desnudo. Para paliar este caos interior opta por buscar su seguridad en el dinero, fuente de gloria y poder, constituyéndolo como bien máximo de su vida.

Jesús vence las tentaciones
Jesús, el Hijo amado del Padre, bautizado en el Jordán, como Israel atravesando el mar Rojo, recibe el Espíritu Santo para entrar en el desierto como Siervo que cumple una misión: llevar a cumplimiento las esperanzas mesiánicas en la obediencia y sacrificio prefigurado en Isaac. Jesús es “arrojado al desierto” al encuentro del diablo quien, según la significación griega del término, es el que divide, el que intenta separar al Hijo del Padre y robarle la palabra recibida en el bautismo.

Jesús pasa en el desierto “cuarenta días y cuarenta noches sin comer pan ni beber agua” (Dt 9, 9-18), esperando la Palabra del Señor que se convierte en su alimento por encima de la tentación de Satanás.
Pero el combate continúa. El demonio tiende una nueva trampa a Jesús. Le conduce al pináculo del templo invitándole a desafiar el proyecto de vida que el Padre ha preparado para él. Mas Jesús se mantiene fiel: “No tentarás al Señor tu Dios”. No necesita “signos” maravillosos para confiar en Él. La historia según el plan del Padre es buena, aunque pase por el desierto, por la insignificancia de proceder de Nazaret y no ser escriba o fariseo; es buena aunque pase por la cruz.

En la tercera tentación, Satanás le ofrece su ayuda por medio de la riqueza, el poder y la gloria humana a cambio de recibir su adoración. Jesús rechaza la tentación: su reino no es de este mundo, su corona será una corona de espinas y su trono será la cruz. Jesús acepta el camino y la misión encomendada por el Padre: “Al Señor tu Dios adorarás y sólo a Él darás culto” (Mt 4,10)

Jesucristo ha cumplido el Shemá.

Emiliano Jiménez Hernández

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Cuaresma – La conversión en la liturgia cristiana

20 marzo, 2014 Deja un comentario

La Cuaresma, al igual que Pentecostés, son tiempos litúrgicos que surgen a la sombra de la Pascua, fiesta primordial del cristianismo, sirviendo el primero de ellos como preparación y, el segundo, como prolongación festiva del gozo pascual.

Desierto: tiempo de esponsales
El simbolismo del desierto es doble.
El desierto como lugar geográfico es una tierra que Dios no ha bendecido: el agua es escasa, el suelo infértil, la vegetación raquítica o nula, la vida imposible. Lugar donde residen los demonios, tierra de maldición.
El simbolismo precedente quedará transformado por la actuación misericordiosa de Yahve. Aún manteniendo el carácter de lugar desolado y maldito, evocará sin embargo, una época privilegiada de la historia de salvación: el tiempo de los esponsales de Dios con su pueblo.
En el desierto, en la precariedad absoluta donde no hay camino abierto ni moran los dioses de la cultura, del pan, del poder, de la gloria, donde sólo mora el Dios creador del cielo y de la tierra, allí Él se manifiesta a su pueblo, le habla al corazón (Os 2,16) a solas, dándole su palabra sin interferencias, para enamorarle, a fin de ser para él “su primer amor”, manifestándose como el Señor que vence el terror del desierto y el dador de la vida.
En el desierto actúa potente su palabra, lo mismo que en medio del caos en los días de la creación. Por eso el pueblo que nace en el desierto, donde está a solas con Dios, sin distracciones, despertará el amor fresco de la juventud en el que el primer amor es único y lo es todo: creador, salvador, dador de todos los bienes cada día durante cuarenta años.
Los cuarenta años de lento caminar en la fe fueron una sublime pedagogía divina para que el pueblo se adaptara al ritmo de Dios y contemplara el triunfo de la misericordia sobre la infidelidad.

El desierto: lugar de paso

La vida del hombre es un éxodo, un atravesar el desierto de la existencia bajo la gloria de Dios hasta entrar en el Reino.
El desierto es el lugar de paso de la esclavitud a la libertad, de Egipto a la Tierra Prometida.
Salir-caminar-entrar sintetizan la experiencia de la vida humana. Salir es una experiencia fundamental, como salida del lugar cerrado, que supone al mismo tiempo, pérdida de seguridad para poder comenzar la vida. Polaridad en la que se encontrará frecuentemente el hombre, tentado por ello, de renunciar al riesgo de la libertad por temor a la inseguridad. Esta experiencia del salir, al nacer, se repetirá en las fases sucesivas del crecimiento humano; salir de la propia familia para formar una nueva, salir de un ambiente conocido, de una situación dada.
El salir está orientado al entrar. Si al salir no correspondiese un entrar, se trataría de un vagar sin meta y sin sentido. Pero entre el salir y el entrar está el desierto, el camino, el tiempo intermedio. La vida está llena de tiempos intermedios que crean una tensión dinámica entre el pasado y el futuro, como por ejemplo el noviazgo.
Características del tiempo intermedio son la provisionalidad y la tensión al término final, sin que esto signifique que el tiempo intermedio no conserve su valor. Dios ha querido asumir esta realidad humana fundamental y ha hecho del desierto una etapa privilegiada de la salvación.
El desierto, camino de la existencia del pueblo de Dios, es una prueba para saber si Israel cree en Dios, única meta auténtica de la vida. Es inútil la actividad del hombre; el desierto no produce nada, símbolo de la impotencia humana y, por ello, de la dependencia de Dios, que manifiesta su potencia vivificante dando el agua y el maná, juntamente con su palabra de vida.

Emiliano Jiménez Hernández

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Yom Kippur, el día de expiación (3/3)

19 marzo, 2014 Deja un comentario

El Día de Expiación era el día más solemne de todos los días festivos. Era el día de purificación de toda la nación y del santuario. Unicamente en este día, una vez al año, el sumo sacerdote entraba el lugar más santo de todos, el Lugar Santísimo del templo, más allá del velo del templo, con la sangre del macho cabrío del Señor como ofrenda de perdón de pecados. Allí rociaba la sangre sobre el propiciatorio. La sangre de la ofrenda en el gran Día de Expiación tenía el efecto de limpiar todos los pecados de los sacerdotes, el santuario e Israel como nación (Levítico 16:29-34).

El Día de Expiación

  1. Yom Kippur es un día de ayuno y aflicción del alma (Levítico 23:27,29; Números 29:7). Este día es apartado como un día de ayuno nacional. El ayuno se menciona en Joel  1:14-15; 2:12-18; y Esdras 8:21. El entendimiento espiritual nos es dado en Isaías 58:1-12.
  2. Es el décimo día del séptimo mes (Levítico 23:27; Números 29:7). El número 10 se usa para representar al gobierno o una nación (Daniel 7:24; Apocalipsis 17:12). Para el pueblo judío, el número diez representa a una congregación legal conocida como minyan. La congregación representa a un grupo. Por ende, el número diez representa a la nación o la congregación de Israel (Levítico 16:2-3,17,19). Nótese también que la sangre es rociada a favor de la nación (Levítico 16:19). Léase Isaías 52:13-15 y Ezequiel 36:24-26.

En Isaías 52:13-15, el siervo que sufre, Jesús, rocía a muchas naciones. En Ezequiel 36:24-26, son los judíos que regresan a Israel de la Diáspora a quienes Dios rociará con agua pura, cuando regresen a la tierra de Israel.

Las Ceremonias del Día de Expiación

Como pudimos apreciar, la ceremonia nos habla acerca del Mesías. A la vez, podemos notar la referencia que hace a los creyentes en el Mesías.

  1. El sacerdote usaba un incensario de oro (Levítico 16:1-2,12-14; Hebreos 9:4). El incensario está mencionado en Levítico 16:12; Números 16:18,46; 1 Reyes 7:50-51; 2 Crónicas 4:19,22; y Hebreos 9:1,4.

Aplicación Espiritual. El incienso representa en la Biblia las oraciones de los creyentes (Salmo 141:2; Lucas 1:5-11; Apocalipsis 5:8; 8:3-4).

Cumplimiento Mesiánico. Aarón, el sumo sacerdote, simboliza el ministerio de mediador e intercesor. Jesús es nuestro Sumo Sacerdote (Hebreos 3:1) y Mediador (1 Timoteo 2:5; Hebreos 12:24). El vive para interceder por nosotros (Romanos 8:34; Hebreos 7:22-27).

  1. El atravesaba el velo una vez al año (Levítico 16:2; Hebreos 9:3,7).

Aplicación Espiritual. Con la muerte de Jesús, somos libres de atravesar el velo todos los días (Mateo 27:50-51; 2 Corintios 3:14; Hebreos 4:16; 6:13-19; 10:19-22).

  1. El se lavaba con agua (Levítico 16:4,24).

Aplicación Espiritual. Para Aarón, esto significaba que debía estar absolutamente limpio para poder hacer expiación en nombre del pueblo de Israel. Para el creyente en Jesús, esto significa que debemos limpiarnos con el agua de la Palabra de Dios cuando nos acercamos a Dios, como cuando pedimos perdón por el pecado en nuestras vidas (Juan 3:1-5,15; 1 Corintios 6:11; Efesios 5:26-27; Tito 3:5; Hebreos 10:22). En cuanto a Jesús, esto significa que él era completamente puro y sin pecado cuando hizo la expiación y sacrificó su cuerpo en la cruz.

  1. El llevaba puestas vestiduras de lino santas (Levítico 16:4,23).

Aplicación Espiritual. También se hace mención de las vestiduras del sacerdote en Exodo  28:1-4. En el versículo 3, éstas se usaban para dar belleza y gloria. Los vestidos de lino reflejan la humanidad sin pecado del Mesías y Su justicia. Estas vestiduras se manchaban de sangre cuando el sacerdote ofrecía sacrificios. Al terminar los sacrificios, se quitaban las vestiduras y vestían nuevas prendas (Levítico 16:23-24). Isaías 1:18 habla de las vestiduras manchadas de sangre y de las nuevas prendas que vestían después. Las vestiduras de lino blanco eran las vestiduras de justicia (Job 29:14; Salmo 132:9; Isaías  61:10; Apocalipsis 3:5; 15:6; 19:7-8, 11,13-15).

  1. Al llevarse a cabo la ceremonia en el Día de Expiación, aquellos que eran expiados se consideraban como sin pecado ni falta ante Dios. La congregación de creyentes en el Mesías se presentará ante Dios sin falta ni mancha (Efesios 5:27) gracias a la sangre de Jesús (1 Pedro 1:19).
  2. Los cuerpos de los animales se colocaban fuera del campamento (Levítico 16:27).

Cumplimiento Mesiánico. Los cuerpos de los animales sacrificados, tanto del becerro como del macho cabrío, eran sacados del campamento, donde eran quemados. Jesús fue crucificado fuera del campamento, es decir, de las puertas de Jerusalén (Juan 19:17-20; Hebreos 13:10-13).

  1. Se ofrecían muchos sacrificios (Levítico 16:1-6,25-27).

Aplicación Espiritual. Nuestros cuerpos deben ser sacrificio vivo para Dios (Romanos 12:1; 1 Pedro 2:5). Debemos ofrecer sacrificio de alabanza a Dios (Levítico 7:12; Salmo 34:1; 50:14,23; 69:30-31; 107:22; 116:17; Hebreos 13:15-16).

Cumplimiento Mesiánico. Jesús es el sacrificio de Dios para todos aquellos que creen El (Hebreos 9:26-28; 10:1-10).

  1. El año del Jubileo era el Día de Expiación (Levítico 25:9-11).

Aplicación Espiritual. Estos eran era un año y un día de libertad. Jesús vino a predicar acerca de esta libertad en Su primera venida (Isaías  61:1-3; Lucas 4:17-21). Desde Adán, ya han pasado casi 6,000 años y 120 Jubileos. El número 120 representa el fin de la era de la carne y el reinado de la vida espiritual (Génesis 6:3). El verdadero cumplimiento del año del Jubileo tomará lugar en la segunda venida del Mesías. La tierra será redimida y alcanzará el reposo total de la maldición que fue traída por el pecado de Adán. Se alcanzará la restauración completa del legado que el hombre perdió. El pueblo de Dios será completamente libre –puesto en libertad de todo pecado, enfermedad, muerte y maldición. Satanás, la fuente de todas estas cosas, será atado y se logrará alcanzar el verdadero reposo. El tabernáculo de Dios se encontrará entre su pueblo y El habitará en medio de su gente (Apocalipsis 21:1-4). Por lo tanto, el año del Jubileo y el Día de Expiación nos hablan acerca del cumplimiento del plan de redención de Dios para el hombre.

 Vida por Vida

El nombre bíblico que se usa para el Día de Expiación es Yom HaKippurim, que significa “el día que se cubre, cancela, perdona, reconcilia”. Ocasionalmente, también recibía el nombre de “el Día del Ayuno” y el “Gran Ayuno” (Levítico 23:27-31; 16:29-34).

Dios les dijo a los israelitas que sacrificaran un animal como sustituto de su sentencia de muerte. Este principio de “una vida por una vida” es el fundamento del sistema de sacrificios. La Torá permite que se pague un rescate monetario por aquel individuo que merece la pena de muerte (Exodo 21:28-32). Aquí, la persona dueña de un buey era culpable porque el animal había matado a una persona y era responsable de esa muerte (En Exodo 21:30 era considerado como pago de rescate el dinero pagado en lugar de la muerte que merecía el dueño del buey).

Cumplimiento Mesiánico. Jesús murió en el madero en lugar de nosotros, quienes merecíamos morir a causa de haber pecado en contra de Dios. Jesús pagó el precio de rescate por nosotros (Marcos 10:45; 1 Timoteo 2:5-6; 1 Corintios 6:20; 7:23). El pago de rescate era de 30 piezas de plata (Exodo 21:32; Mateo  26:14-16; 27:3-6).

Treinta piezas de plata era el pago del rescate de la sangre del que debía morir como expiación por el verdadero culpable. En el caso de un ladrón o asesino, no hay expiación (Exodo 22:1-2; Números 35:31). Es por ello que no hay expiación posible para Satanás (Juan 8:44). Treinta piezas de plata era el pago del rescate de la sangre y el derramamiento de sangre es lo que hacía posible la expiación por el pecado (Levítico 17:11; Romanos 5:8-11). La palabra griega hilasmos, traducida como “propiciación”, tiene el mismo significado que la palabra hebrea kaphar, que es traducida como “expiación” (Romanos 3:23-25; 1 Juan 2:2; 4:9-10). El propósito del Día de Expiación en enseñarnos acerca de Jesús, quien se entregó a sí mismo para expiar nuestro pecado (Hebreos 10:1-10).

Tomado del libro de Eddie Chumney, Las Siete fiestas del Mesías

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Yom Kippur, el día de expiación (1/3)

5 marzo, 2014 Deja un comentario

Porque en este día se hará expiación por vosotros, y seréis limpios de todos vuestros pecados delante de Yahvé. Día de reposo es para vosotros, y afligiréis vuestras almas; es estatuto perpetuo.(Levítico 16:30-31)

A los diez días de este mes séptimo será el día de expiación; tendréis santa convocación, y afligiréis vuestras almas, y ofreceréis ofrenda encendida a Yahvé. Ningún trabajo haréis en este día, porque es día de expiación, para reconciliaros delante de Yahvé… Estatuto perpetuo es por vuestras generaciones en dondequiera que habitéis. Día de reposo será a vosotros, y afligiréis vuestras almas, comenzando a los nueve días del mes en la tarde; de tarde a tarde guardaréis vuestro reposo. (Levítico 23:27-28,31-32)

En el diez de este mes séptimo tendréis santa convocación, y afligiréis vuestras almas; ninguna obra haréis. (Números 29:7) 

 Yom Kippur: Nombres, Temas y Frases

  1. Yom Kippur (el Día de Expiación)
  2. Cara a Cara
  3. El Día (o el Gran Día)
  4. El Ayuno
  5. El Gran Shofar (Shofar HaGadol)
  6. Neilah (el cierre de las puertas)

 Entendimiento del Servicio Sacerdotal en Yom Kippur

Levítico capítulo 16, específica que el 10 de Tishrei es el día en el que el sumo sacerdote conduce una ceremonia especial para purificar el templo y al pueblo. La parte central del ritual es cuando el sumo sacerdote  presenta un becerro y dos cabras como ofrenda especial. Primero, sacrifica al becerro para purificar el templo de cualquier impureza provocadas por los pecados del sacerdote y de su casa (Levítico 16:6). Luego, se echan suertes para escoger a una de las cabras y sacrificarla para purificar el templo de cualquier impureza provocada por cualquier pecado del pueblo de Israel en general (Levítico 16:7-8). Finalmente, se libera a la segunda cabra en el desierto y no se sacrifica, para purificar al pueblo. Sobre esta cabra cae la suerte por Azazel y es enviada al desierto (Levítico 16:10). Antes de enviar a la cabra, el sumo sacerdote impone manos sobre la cabeza y confiesa todas las iniquidades y transgresiones de los israelitas, cualquiera que fueren sus pecados, transfiriéndolos de esta forma a la cabeza del animal. Así, está escrito en la Torá: “…y aquel macho cabrío llevará sobre sí todas las iniquidades de ellos a tierra inhabitada; y dejará ir el macho cabrío por el desierto”. (Levítico 16:20-22). 

 Azazel: El Chivo Expiatorio

La palabra en hebreo para chivo expiatorio es azazelAzazel era considerado como un tipo de satanás en el libro apócrifo de Enoc. Los pecados del pueblo, y por ende también el castigo merecido por el pueblo, eran puestos sobre la cabeza del azazel, el chivo expiatorio. Este llevaría sobre sí los pecados del pueblo y el castigo merecido. La figura del Azazel enviado al desierto es interpretado como la imagen de satanás, siendo lanzado al lago de fuego (Apocalipsis 19:20).

Veamos de cerca esta ceremonia descrita en Levítico 16:7-10. En Levítico 16:8, la primera suerte era “La Adonai” (por Yahvé). La segunda suerte era “La Azazel” (por el chivo expiatorio). El sumo sacerdote tomaba las dos suertes, una marcada como La Adonai y la otra como La Azazel, y las colocaba sobre la cabeza del respectivo animal, sellando de esta forma su destino. Se consideraba como una señal positiva cuando el sacerdote tomaba la suerte marcada La Adonai en su mano derecha; pero durante los 40 años anteriores a la destrucción del templo en el año 70, la suerte marcada La Adonai fue recogida por el sacerdote con su mano izquierda. En cualquier caso, los pecados del pueblo eran transferidos al chivo expiatorio (Levítico 16:21-22). Exceptuando los 40 años anteriores a la destrucción del segundo templo, la suerte La Adonai siempre apareció en la mano derecha del sacerdote y la suerte La Azazel apareció en la mano izquierda del sacerdote.

 Entendimiento Mesiánico

Dios dio esta ceremonia de las suertes durante Yom Kippur para enseñarnos que El juzgará a las naciones del mundo. 

      Jesús, durante su primera venida, figuró como un tipo de macho cabrío sellado como La Adonai. Él se dio a sí mismo como una ofrenda de expiación de pecados por nosotros, transfiriendo Dios todos los pecados del mundo sobre él (Isaías 53:1-6; 1 Corintios 15:3; Gálatas 1:3-4; Hebreos 2:17; 1 Juan 2:2; 4:10).

En la ceremonia de los dos machos cabríos, se consideraba que ambas cabras eran sacrificadas. Se ataba un listón rojo carmesí alrededor de los cuernos de la cabra sellada como azazel. En el momento preciso, se llevaba a la cabra a un risco en el desierto y se le lanzaba desde lo alto del risco. En relación con esta ceremonia, surgió una tradición muy interesante que es mencionada en la Mishná. Se ataba otro trozo de listón rojo en la puerta del templo antes de que la cabra fuera enviada al desierto. El listón se tornaba blanco en el mismo momento en que cumplía con su misión, señalando de esta forma que Dios había aceptado sus sacrificios y que los pecados habían sido perdonados. Esto se basaba en lo escrito en Isaías 1:18. Tal como se mencionó antes, el Mishná nos cuenta que durante los 40 años anteriores a la destrucción del templo, el listón dejó de tornarse blanco. 

Tomado del libro de Eddie Chumney, Las Siete fiestas del Mesías

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